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LALIGA ha vuelto a situar la lucha contra la piratería en el centro del debate digital, esta vez apuntando directamente a Cloudflare. Según la organización presidida por Javier Tebas, la compañía estadounidense estaría obteniendo beneficios económicos gracias a la distribución de retransmisiones ilegales de partidos de fútbol, tanto de la propia LALIGA como de otras competiciones internacionales.
Sin embargo, más allá de la acusación, la estrategia elegida por LALIGA para combatir este problema —el bloqueo masivo de direcciones IP de Cloudflare durante los horarios de partidos— está generando una fuerte controversia por su impacto colateral sobre miles de webs completamente legítimas que nada tienen que ver con la piratería.
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El papel de Cloudflare en la infraestructura de Internet
Cloudflare es uno de los principales proveedores mundiales de infraestructura de Internet. Sus servicios incluyen CDN, DNS, protección frente a ataques DDoS, hosting, proxy inverso, VPN y registro de dominios. Precisamente esta posición central en la red es la que, según LALIGA, estaría siendo aprovechada por redes de piratería para ocultar el origen de retransmisiones ilegales.
El argumento de LALIGA sostiene que los piratas utilizan especialmente los servicios de proxy y CDN para anonimizar los servidores que emiten contenido ilegal, mezclándolo con miles de dominios legítimos que comparten las mismas direcciones IP. Para la patronal del fútbol, esto convierte a Cloudflare en un “escudo digital” que impide actuar de forma selectiva contra las webs infractoras.
Bloqueos masivos: una solución desproporcionada
Aquí es donde surge el principal problema. Al no poder —o no querer— bloquear únicamente los dominios infractores, LALIGA ha optado por bloquear IPs de Cloudflare durante los partidos de fútbol. El resultado es previsible: caídas de servicios, tiendas online inaccesibles, medios de comunicación fuera de línea y aplicaciones legítimas inutilizadas durante horas.
Este enfoque plantea una pregunta incómoda: ¿es aceptable sacrificar la neutralidad de Internet y el acceso a servicios legales para combatir la piratería?
Para muchos expertos y usuarios, la respuesta es clara: no. El bloqueo indiscriminado convierte a empresas, creadores y usuarios inocentes en daños colaterales de una guerra que debería librarse con herramientas mucho más precisas.
El argumento económico de LALIGA contra Cloudflare
Según LALIGA, Cloudflare se beneficiaría económicamente de la piratería porque cobra por servicios como:
- CDN, que distribuye grandes volúmenes de vídeo.
- Hosting, donde se alojan los contenidos.
En retransmisiones ilegales, cuanta más audiencia hay, mayor es el tráfico generado y, por tanto, mayores serían los ingresos de Cloudflare. LALIGA señala que los planes de pago de CDN pueden oscilar entre 5 y 50 dólares mensuales, dependiendo del uso.
No obstante, este razonamiento ignora un matiz clave: Cloudflare no vende fútbol, vende infraestructura. El hecho de que su red sea utilizada tanto por webs legales como ilegales no implica automáticamente connivencia, del mismo modo que un proveedor eléctrico no es responsable de lo que alguien haga con la electricidad en su casa.
El aumento de tráfico durante los partidos de fútbol
LALIGA afirma que los análisis de tráfico muestran incrementos significativos en la red de Cloudflare en España durante los horarios de partidos, algo que se repite de forma sistemática. Para la organización, esto refuerza la idea de que su infraestructura se utiliza activamente para distribuir retransmisiones piratas.
Sin embargo, esta correlación tampoco es concluyente. Cloudflare da servicio a millones de webs, incluidas plataformas de noticias, redes sociales, foros y servicios que también experimentan picos de tráfico cuando hay grandes eventos deportivos, incluso de forma completamente legal.
Sentencias, sanciones y el caso italiano
LALIGA recuerda que en países como Francia, Alemania, Italia, Portugal, Moldavia o Japón se han iniciado acciones legales contra Cloudflare por su supuesta falta de colaboración. El caso más reciente es Italia, donde la compañía fue sancionada con más de 14 millones de euros por no cumplir con la ley antipiratería y el sistema conocido como “Piracy Shield”.
Tras esta sanción, el CEO de Cloudflare, Matthew Prince, respondió públicamente criticando la situación y advirtiendo de posibles consecuencias para clientes e instituciones italianas. Esta reacción fue duramente cuestionada por actores del mundo del fútbol como Serie A, European Leagues o la World Leagues Association.
Intermediarios tecnológicos y responsabilidad compartida
LALIGA defiende que los intermediarios tecnológicos deben asumir un papel más activo en la lucha contra la piratería, apoyándose en las conclusiones publicadas en noviembre de 2025 por la Comisión Europea sobre la Recomendación para combatir la piratería en eventos deportivos en directo.
No obstante, la crítica principal sigue siendo el cómo, no el qué. Empresas como Akamai, Google, Amazon, Twitch o Vercel colaboran con bloqueos selectivos y mecanismos de retirada rápida sin necesidad de derribar medio Internet cada vez que hay un partido.
El gran riesgo: normalizar el bloqueo indiscriminado
La estrategia de LALIGA sienta un precedente peligroso. Si se normaliza el bloqueo masivo de infraestructuras compartidas, cualquier sector podría justificar cortes generalizados en nombre de la protección de sus derechos.
Internet funciona gracias a infraestructuras comunes, y atacarlas de forma indiscriminada no solo perjudica a los “piratas”, sino también a empresas, desarrolladores y usuarios que cumplen la ley.
Usuarios y empresas atrapados en el fuego cruzado
LALIGA ha habilitado un correo electrónico afectadoscloudflare@laliga.es para que los afectados por los bloqueos contacten y soliciten que Cloudflare actúe sobre las IP compartidas. Sin embargo, esta solución traslada el problema a los usuarios legítimos, que se ven obligados a justificar su inocencia para poder seguir operando con normalidad.
En lugar de una cooperación técnica efectiva y quirúrgica, el enfoque actual convierte a miles de webs legales en rehenes temporales cada vez que rueda el balón.