El creador de Pegasus ahora vende el antídoto a través de su nueva empresa Dream

🤖 ¡Rebajas! ¡Robot aspirador Lefant M5 Pro desploma su precio un 72%! [ Saber más ]

Dream, la startup israelí de ciberseguridad con IA cofundada por Shalev Hulio, creador de Pegasus, ha puesto el foco en América Latina. La compañía ve en la región una oportunidad clara: gobiernos con necesidades urgentes de protección digital, infraestructuras críticas cada vez más expuestas y una nueva ola política más cercana a Estados Unidos e Israel.

La empresa llega además en un momento dulce para su negocio. Dream acaba de levantar 260 millones de dólares, unos 221 millones de euros al cambio, en una ronda que eleva su valoración hasta los 3.000 millones de dólares, aproximadamente 2.550 millones de euros. Su propuesta gira en torno a plataformas de defensa cibernética con inteligencia artificial para gobiernos, organismos públicos e infraestructuras esenciales.

Pero la expansión no pasa desapercibida por una razón evidente: Hulio fue uno de los fundadores de NSO Group, la firma detrás de Pegasus, el spyware que terminó asociado a casos de vigilancia contra periodistas, activistas, opositores políticos y otros objetivos sensibles en decenas de países.

 

Dream quiere vender ciberdefensa soberana a gobiernos latinoamericanos

Dream se presenta como una compañía muy distinta a NSO. Su discurso no habla de vigilancia ofensiva, sino de protección, detección de amenazas, análisis de vulnerabilidades y defensa de sistemas nacionales frente a ataques cada vez más sofisticados.

La startup fue fundada en enero de 2023, pocos meses después de que Hulio dejara el cargo de consejero delegado de NSO Group. Desde entonces, ha construido una narrativa centrada en la llamada “IA soberana”: herramientas diseñadas para que los gobiernos no dependan de nubes públicas ni de proveedores extranjeros para proteger sus datos más sensibles.

Según la información disponible, Dream trabaja desde oficinas en Tel Aviv, Viena y Abu Dabi, con una plantilla de más de 300 empleados. La empresa también habría desarrollado un centro de datos propio cerca de Modiin, en Israel, donde entrena modelos de lenguaje propietarios sin apoyarse en proveedores cloud tradicionales.

Dream

 

Una región con ataques al alza y defensas todavía débiles

América Latina se ha convertido en un mercado especialmente atractivo para las compañías de ciberseguridad. Los ataques crecen con rapidez, los presupuestos públicos empiezan a moverse y muchos países aún arrastran una brecha importante en capacidades de defensa digital.

Diversas estimaciones del sector sitúan el crecimiento anual de los ciberataques en la región en torno al 25%. Aunque este tipo de cifras debe leerse con cautela, el diagnóstico general es claro: administraciones públicas, hospitales, servicios tributarios, redes eléctricas y sistemas de transporte se han convertido en objetivos de alto valor para grupos criminales y actores estatales.

Para una empresa como Dream, que vende soluciones de seguridad nacional, la combinación es casi perfecta: gobiernos con urgencia, infraestructuras críticas vulnerables y una mayor disposición a invertir en herramientas avanzadas de defensa.

 

Costa Rica mostró hasta qué punto puede paralizarse un país

El caso de Costa Rica sigue siendo uno de los ejemplos más claros de lo que puede ocurrir cuando un Estado se enfrenta a un ataque de ransomware a gran escala. En 2022, el grupo Conti atacó instituciones públicas del país, afectando servicios esenciales y exigiendo un rescate de 10 millones de dólares, unos 8,5 millones de euros. El presidente Rodrigo Chaves declaró el estado de emergencia nacional el 8 de mayo de ese año, una decisión inédita por un ciberataque.

Semanas después, el grupo Hive golpeó el sistema sanitario costarricense, obligando a hospitales y centros médicos a recurrir a procesos manuales. Durante meses, el país sufrió interrupciones en servicios públicos, trámites y sistemas internos.

El mensaje para otros gobiernos de la región fue contundente: un país de tamaño medio puede quedar seriamente afectado por grupos de ciberdelincuentes que operan desde el otro lado del mundo.

 

La política también juega a favor de Dream

La expansión de Dream coincide con un giro político en varios países latinoamericanos hacia gobiernos más alineados con Washington y, en algunos casos, más cercanos a Israel.

Argentina, bajo Javier Milei, ha buscado reforzar su relación con Israel y Estados Unidos, al tiempo que intenta posicionarse como un país abierto al desarrollo de inteligencia artificial. Colombia también podría convertirse en un mercado más favorable para empresas israelíes tras la victoria de Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta presidencial del 21 de junio, en la que obtuvo el 49,66% de los votos frente al 48,70% de Iván Cepeda, según Reuters.

Este alineamiento no es un detalle menor. La venta de tecnología de ciberdefensa soberana no se parece a vender antivirus o firewalls a una empresa privada. Implica confianza política, acuerdos sensibles y acceso a organismos de seguridad nacional. En ese terreno, las relaciones diplomáticas pesan tanto como las capacidades técnicas.

 

El pasado de Pegasus vuelve a estar sobre la mesa

La gran pregunta es si Dream conseguirá separar su identidad actual del legado de Pegasus. NSO Group quedó en el centro de la polémica mundial después de que su spyware apareciera vinculado a operaciones de vigilancia contra periodistas, defensores de derechos humanos, políticos y miembros de la sociedad civil.

Estados Unidos incluyó a NSO Group en su lista negra comercial en noviembre de 2021, un golpe reputacional enorme para la compañía israelí. Hulio se desvinculó de la dirección de NSO en 2022 y ahora insiste, a través de Dream, en que su nueva empresa pertenece a otra categoría: defensa, no espionaje.

La distinción técnica puede ser real, pero la percepción pública será más difícil de gestionar. En América Latina existe un largo historial de uso de herramientas de vigilancia contra opositores, periodistas y organizaciones civiles. Por eso, la llegada de una empresa liderada por el creador de Pegasus probablemente será observada con lupa.

 

Dream no está sola, pero parte con ventaja

El mercado de la ciberdefensa con IA está creciendo con rapidez. Cada vez más startups intentan llevar modelos de inteligencia artificial a entornos gubernamentales cerrados, redes aisladas y sistemas críticos donde no se puede depender de servicios públicos en la nube.

Sin embargo, Dream cuenta con una ventaja evidente: contactos gubernamentales, presencia internacional y una valoración que ya la sitúa entre las grandes promesas del sector. La compañía afirma trabajar con clientes soberanos en Europa, Oriente Medio y Asia, aunque no suele revelar nombres concretos por la sensibilidad de esos contratos.

Sus ventas habrían superado los 300 millones de dólares, unos 255 millones de euros, más del doble que hace dos años. Para una startup fundada en 2023, esas cifras explican por qué los inversores están apostando fuerte por ella.

 

Sebastian Kurz añade influencia política al proyecto

Otro nombre relevante en Dream es Sebastian Kurz, ex canciller de Austria y cofundador de la compañía. Kurz fue condenado en febrero de 2024 por realizar declaraciones falsas ante una comisión parlamentaria, aunque el Tribunal Superior Regional de Viena anuló posteriormente la condena y lo absolvió en mayo de 2025.

Su presencia refuerza el perfil político de Dream. No se trata solo de una startup tecnológica con buenos ingenieros, sino de una empresa construida desde el principio para vender a gobiernos. En ese tipo de negocio, las redes diplomáticas, la credibilidad institucional y la capacidad de sentarse con altos cargos importan casi tanto como el producto.

Junto a Hulio y Kurz aparece también Gil Dolev, fundador de Wayout Group, una compañía vinculada al ámbito de la inteligencia y la recopilación de información.

 

Una oportunidad comercial enorme, pero con riesgos reputacionales

Para Dream, América Latina representa una expansión lógica. La región necesita mejorar sus defensas, los ataques aumentan y algunos gobiernos están dispuestos a comprar tecnología israelí de alto nivel. Si la compañía logra cerrar contratos con ministerios, agencias de seguridad o gestores de infraestructuras críticas, podría consolidar su presencia en un cuarto continente.

Para los países latinoamericanos, el dilema es más complejo. La necesidad de reforzar la ciberseguridad es incuestionable, pero también lo es la obligación de exigir transparencia, garantías legales y controles democráticos cuando se contratan tecnologías sensibles.

La ciberdefensa con IA puede proteger hospitales, centrales eléctricas, servicios fiscales y redes gubernamentales. Pero en manos equivocadas, cualquier tecnología capaz de analizar grandes volúmenes de datos y detectar comportamientos también puede generar inquietud.

 

La cuestión de fondo: ¿puede el creador de Pegasus reinventarse como defensor?

Dream quiere demostrar que el talento que en su día se aplicó a herramientas ofensivas puede utilizarse ahora para proteger a los Estados frente a ataques externos. Es una promesa potente, sobre todo en un momento en el que la inteligencia artificial está cambiando tanto las técnicas de ataque como las de defensa.

Sin embargo, la confianza no se consigue solo con tecnología. Dream tendrá que convencer a gobiernos, reguladores, periodistas y organizaciones civiles de que sus plataformas no abren la puerta a nuevos abusos. En América Latina, donde la vigilancia estatal ha sido históricamente un asunto delicado, ese reto será especialmente importante.

La oportunidad es enorme. También lo es el escrutinio. Y, al final, la expansión de Dream en la región dependerá de una pregunta incómoda: si el hombre que ayudó a crear una de las herramientas de vigilancia más polémicas del mundo puede ser ahora una figura creíble en la defensa digital de los Estados.

Dejar un comentario

Tu dirección de e-mail nunca será publicada Los campos requeridos están marcados*

Esta web usa cookies para elaborar información estadística y mostrar publicidad personalizada.

Saber más