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Durante gran parte de los años 2010, las grandes compañías tecnológicas intentaron convencernos de que los televisores 8K serían el futuro inminente del entretenimiento en casa.
La promesa: pantallas con cuatro veces más resolución que los modelos 4K, ofreciendo una calidad visual supuestamente revolucionaria. Sin embargo, la realidad demuestra que esa visión no se ha materializado en el mercado masivo.
Un poco de historia
El primer prototipo de televisor 8K llegó en 2012 de la mano de Sharp en la feria CES de Las Vegas. En 2018, Samsung introdujo los primeros modelos 8K en Estados Unidos con un precio de partida de 3.500 USD (aprox. 3.230 €).
En 2016 la Video Electronics Standards Association (VESA) lanzó especificaciones 8K en DisplayPort 1.4, y más tarde el HDMI Forum actualizó la norma con HDMI 2.1. En 2019, LG presentó el primer televisor 8K OLED, reforzando la narrativa de que el 8K era “el futuro”.
La industria de televisores abandona el 8K
Pese a los esfuerzos y la narrativa de futuro, el mercado no respondió como esperaba la industria. Según FlatpanelsHD, LG Display ya no fabrica paneles 8K ni en LCD ni en OLED, una decisión que la propia compañía atribuye a su análisis de las tendencias actuales del mercado y del ecosistema de contenido 8K.
LG fue pionera en vender televisores 8K OLED, iniciando con el modelo Z9 de 88 pulgadas en 2019 y reduciendo en 2022 el precio de entrada para estos modelos, con un televisor de 76,7 pulgadas por 13.000 USD (unos 12.000 € aprox.). Sin embargo, incluso estos precios no lograron generar una demanda significativa.
La retirada de LG se suma a movimientos similares de otros fabricantes. TCL, que lanzó su último televisor 8K en 2021, anunció en 2023 que no produciría más unidades debido a la escasa demanda. Por su parte, Sony dejó de fabricar sus modelos 8K en abril de este año y, además, planea traspasar la mayoría de la propiedad de su línea de televisores Bravia a TCL, lo que pone en duda cualquier retorno significativo al segmento 8K.
La adopción masiva se quedó en 4K
Una de las claves para entender esta retirada es el éxito mucho más claro del 4K. En septiembre de 2024, la firma de investigación Omdia informó que había casi 1 000 millones de televisores 4K en uso en todo el mundo, un volumen que contrasta fuertemente con los modestos 1,6 millones de televisores 8K vendidos desde 2015.
Las ventas de televisores 8K alcanzaron su punto máximo en 2022, pero nunca han logrado penetrar de forma significativa en el mercado de consumo. Estos datos reflejan que, más allá de la tecnología, la adopción del público es el factor decisivo.
¿Por qué el 8K nunca despegó?
El 8K se enfrentó a obstáculos previsibles. Más allá de sus altos precios, la casi inexistencia de contenido nativo en 8K fue uno de los factores más decisivos.
Incluso hoy, la disponibilidad de contenido en 4K sigue siendo limitada en muchos casos, y muchos servicios de streaming, emisiones y juegos continúan utilizando resolución 1080p como estándar. Sin contenido que explotar, invertir en una pantalla 8K no ofrecía beneficios reales para la mayoría de los usuarios.
El gaming también falló como impulsor
El sector de los videojuegos se esperaba que impulsara la adopción del 8K, especialmente con consolas de nueva generación. La PlayStation 5 Pro, por ejemplo, fue presentada con soporte para 8K, pero en junio de 2024 Sony retiró esa promesa oficialmente. La limitación principal fueron las restricciones de ancho de banda: la consola solo podía ofrecer 8K mediante compresión Display Stream Compression sobre HDMI 2.1, haciendo que la función fuera incompatible con algunos televisores 8K del mercado.
¿Realmente notarías la diferencia entre 4K y 8K?
Más allá del hardware y el contenido, está la pregunta esencial sobre si el ojo humano puede apreciar realmente la diferencia entre 4K y 8K. Investigadores de la Universidad de Cambridge publicaron un estudio que sugiere que la ventaja del 8K solo se percibe en condiciones muy específicas.
Según su calculadora de resolución, la vista humana puede sacar partido a un televisor 8K de 50 pulgadas solo si estás sentado a aproximadamente 1 metro de distancia. Para pantallas más grandes (80 o 100 pulgadas), la distancia óptima sigue siendo muy reducida (entre 2 y 3 metros). Esto limita la utilidad práctica de la resolución más alta en situaciones cotidianas de visualización.
Qué tecnologías tienen más futuro que el 8K
Incluso los entusiastas de la tecnología que aún buscan lo último en televisores tienden a fijarse más en características diferentes al 8K, como mejoras en el contraste, la fidelidad del color o tecnologías emergentes. Características como OLED, HDR avanzado, Micro LED, puntos cuánticos o incluso paneles Micro RGB ofrecen beneficios visuales más perceptibles que un simple aumento de resolución. Muchas de estas innovaciones aportan mejoras claras en brillo, uniformidad y profundidad de color.
El futuro del 8K: nicho, pero no muerto
Aunque las opciones de televisores 8K están disminuyendo y el soporte industrial se ha reducido, no significa que el formato esté completamente muerto. Aún se pueden comprar modelos 8K de Samsung con precios desde 3.299 euros y algunos modelos de LG siguen disponibles hasta agotar existencias.
Es posible que el 8K siga siendo atractivo para entusiastas o usos profesionales muy específicos, y también existe demanda en otros sectores como pantallas de alta resolución para realidad virtual o monitores especializados.
No obstante, estamos muy lejos de la época en que las compañías se disputaban cuál tenía la mejor pantalla “8K real”. Si algún día el 8K vuelve a dominar, será en un contexto muy distinto al imaginado a principios de los años 2010.