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La polémica alrededor de Española de Telefonía, la nueva operadora asociada a la imagen pública de Bertín Osborne, acaba de sumar un nuevo capítulo. Después de varios días de críticas, denuncias y señalamientos por presuntas irregularidades técnicas y legales, el cantante y presentador ha respondido con contundencia ante los medios.
En un vídeo compartido en X, Osborne fue preguntado por las críticas que ha recibido la compañía, especialmente por el uso de símbolos nacionales, el nombre de la operadora y su marcado tono patriótico. Su respuesta no dejó demasiado margen a la interpretación: “Me la soplan las críticas. Sobre todo de los retrasados”, dijo Bertín Osborne.
Una reacción que no apaga la polémica
Lejos de rebajar el tono, Osborne defendió el planteamiento de Española de Telefonía y el uso de referencias nacionales como parte de la identidad de la marca. Según sus declaraciones, el cantante no ve motivo para pedir disculpas porque una empresa se llame “Española de Telefonía” ni por utilizar la bandera como elemento de comunicación.
El problema es que las críticas a la operadora no se limitan a su imagen corporativa o a su posicionamiento ideológico. En los últimos días, Española de Telefonía se ha visto envuelta en varias controversias que afectan directamente a su credibilidad como compañía tecnológica.
En Teknófilo ya contamos que el supuesto test de velocidad disponible en la web de la operadora no parecía realizar ninguna medición real de la conexión del usuario. El análisis del código apuntaba a que la herramienta generaba resultados aleatorios mediante JavaScript, en lugar de comprobar la velocidad de subida, bajada o latencia de la conexión.
El test de velocidad que no medía la velocidad
La herramienta se presentaba como una forma de comprobar la calidad de la conexión del usuario antes de recomendar una tarifa de fibra. Sin embargo, varios indicios ponían en duda su funcionamiento real.
El código incluía referencias a una función de simulación y al uso de Math.random(), una función que genera números aleatorios. El resultado sería una cifra aparentemente elegida al azar entre unos 50 y 250 Mbps, sin realizar una transferencia de datos real ni ninguna de las comprobaciones habituales en un test de velocidad legítimo.
El detalle más llamativo era que la prueba podía funcionar incluso con el teléfono en modo avión, algo incompatible con cualquier medición real de conexión a Internet. También se observaron resultados diferentes en mediciones consecutivas, con cifras que podían variar de forma notable en apenas unos segundos.
Esto no sería un simple detalle técnico sin importancia. Si un usuario recibe una velocidad inferior a la real, podría llegar a pensar que su conexión actual es peor de lo que realmente es y que necesita contratar una tarifa más rápida. En otras palabras, una herramienta de diagnóstico poco fiable puede convertirse en un reclamo comercial problemático.
Después llegó la exposición de credenciales
La situación se complicó aún más poco después. En Teknófilo contamos que la web de Española de Telefonía habría dejado accesible públicamente un archivo .env, un fichero de configuración que suele contener información sensible de una aplicación web.
Según las capturas compartidas en redes, ese archivo incluía variables relacionadas con el panel de administración, entre ellas un usuario administrador y el hash de una contraseña. Aunque la contraseña no aparecía directamente en texto plano, el hash habría sido identificado como correspondiente a una clave extremadamente débil: admin123.
El archivo ya fue retirado, pero el incidente resulta especialmente delicado. Un fichero .env no debería estar nunca accesible desde el navegador, ya que puede contener credenciales, rutas internas, claves de API, configuraciones privadas o información suficiente para comprometer una aplicación web.
En una operadora de telecomunicaciones, este tipo de fallos genera todavía más preocupación. Los usuarios no solo contratan llamadas, fibra o datos móviles: también confían en que la empresa que gestiona su conectividad y sus datos personales mantenga unas prácticas mínimas de seguridad.
FACUA también ha denunciado a la operadora
A todo esto se suma la denuncia presentada por FACUA-Consumidores en Acción, que acusa a Española de Telefonía de vulnerar presuntamente varias normativas. Según han recogido distintos medios, la organización señala posibles incumplimientos relacionados con publicidad engañosa, falta de información contractual, atención al cliente y protección de datos.
FACUA ha criticado, entre otras cuestiones, que la compañía se presentara con el eslogan “Las cosas bien hechas, las cosas a derechas”, mientras, según la asociación, su web no ofrecía información suficiente sobre condiciones contractuales, derecho de desistimiento o privacidad.
La operadora también ha sido cuestionada por su atención al cliente. Osborne, por su parte, ha defendido que el servicio cuenta con trabajadores en Córdoba y ha destacado que no atienden desde países como Marruecos o Túnez.
El problema de fondo no es la bandera, sino la confianza
Española de Telefonía ha apostado desde el primer momento por una identidad muy marcada: nombre, colores, referencias culturales españolas y un discurso centrado en ofrecer atención desde España. Esa estrategia puede gustar más o menos, pero no es el núcleo del problema.
La cuestión relevante para los usuarios es otra: si una operadora entra en el mercado, debe transmitir confianza técnica, transparencia comercial y seguridad. Y, por ahora, el arranque de Española de Telefonía está siendo cualquier cosa menos tranquilo.
Un test de velocidad que aparentemente no mide la velocidad, un archivo de configuración sensible expuesto públicamente y una denuncia de una organización de consumidores no son simples críticas de redes sociales. Son asuntos que afectan directamente a la fiabilidad del servicio y a la percepción que los clientes pueden tener de la empresa.
Una respuesta polémica en el peor momento
La reacción de Bertín Osborne puede reforzar a quienes ya simpatizaban con el proyecto, pero difícilmente ayuda a resolver las dudas técnicas y legales que rodean a la operadora. Responder con un “me la soplan las críticas” puede funcionar como titular, pero no aclara si el test de velocidad fue un error, una simulación mal presentada o una herramienta comercial diseñada sin las garantías necesarias.
Tampoco explica cómo pudo quedar expuesto un archivo .env con información sensible, ni qué medidas ha tomado la compañía para revisar su seguridad, rotar credenciales o comprobar si hubo accesos no autorizados mientras el fichero estuvo disponible.
En una empresa tecnológica, y más aún en una operadora de telecomunicaciones, la confianza se construye con hechos: explicaciones claras, corrección rápida de errores, auditorías, transparencia y una comunicación responsable. Por ahora, Española de Telefonía parece estar generando más titulares por sus polémicas que por sus servicios.
Española de Telefonía necesita algo más que una marca llamativa
El mercado español de las telecomunicaciones es extremadamente competitivo. Hay decenas de operadores móviles virtuales, tarifas agresivas, paquetes de fibra y móvil muy ajustados y clientes acostumbrados a comparar precios, cobertura y condiciones.
En ese contexto, una marca llamativa y una campaña protagonizada por un rostro conocido pueden servir para atraer atención inicial, pero no bastan para sostener un negocio. Los usuarios necesitan saber qué red se utiliza, cuáles son las condiciones reales, qué ocurre con la atención al cliente, cómo se protegen sus datos y si las herramientas de la web son fiables.
La polémica del test de velocidad y la exposición de credenciales han colocado a Española de Telefonía bajo una lupa que probablemente no esperaba tener tan pronto. Y la respuesta de Bertín Osborne, lejos de cerrar el asunto, ha hecho que la conversación vuelva a girar alrededor de la compañía.