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La inteligencia artificial se ha convertido en una de las grandes apuestas de la economía, pero el dinero que atrae también concentra riesgos. El Fondo Monetario Internacional advierte de que una corrección del auge inversor de la IA podría tener consecuencias mucho más allá de las tecnológicas.
El problema aparece si los beneficios no alcanzan las expectativas que sostienen el gasto y las valoraciones. La deuda, las inversiones concentradas y los acuerdos entre compañías pueden amplificar el golpe, aunque el organismo no presenta ese desenlace como inevitable.
La rentabilidad de la IA se ha convertido en una cuestión global
La advertencia aparece en el Informe sobre la estabilidad financiera mundial de octubre de 2026. El FMI reconoce que los mercados han resistido bien, apoyados por los beneficios empresariales y por una inversión tecnológica que sostiene parte del crecimiento.
El punto delicado es cuánto dependen esas expectativas de que la IA siga generando negocio. Si la inversión pierde fuerza o los beneficios decepcionan, los activos vinculados al sector pueden sufrir una corrección y endurecer las condiciones financieras.
Esa exposición tampoco se reparte por igual. Cuando muchos inversores concentran sus apuestas en un grupo reducido de compañías, una pérdida de confianza puede afectar simultáneamente a carteras que comparten los mismos motores de crecimiento.
Para entender el riesgo, conviene separar el éxito tecnológico de su rentabilidad financiera. Una herramienta puede resultar muy útil y, aun así, no producir los ingresos necesarios para justificar todo el dinero que se ha invertido en desarrollarla.
La deuda añade presión a la carrera por construir infraestructura
Los grandes operadores de nube y centros de datos mantienen negocios sólidos, pero ampliar la infraestructura de IA consume cada vez más efectivo. El análisis complementario del FMI describe una mayor dependencia de la deuda para financiar esa expansión.
La cuota de estos operadores en las emisiones mundiales de bonos corporativos con grado de inversión ha pasado del 0,5% en 2024 a casi el 10% en 2026. El crecimiento del sector también está aumentando su peso en los mercados de crédito.
Además, algunos inversores buscan más exposición mediante préstamos para comprar acciones, fondos cotizados apalancados y posiciones de fondos de cobertura. Si cambia el sentimiento, reducir ese endeudamiento puede obligarlos a vender y acentuar las caídas.
La competencia también puede complicar las cuentas: el FMI señala la aparición de modelos abiertos más económicos, como los Kimi de Moonshot AI. Si presionan los márgenes, recuperar inversiones enormes podría resultar más difícil de lo previsto.
Cuando una empresa es inversora, proveedora y cliente a la vez
Otro foco de atención es la financiación circular entre empresas de inteligencia artificial. Son acuerdos que conectan inversiones o financiación con compromisos futuros de compra de servicios, capacidad de cómputo o chips entre compañías del mismo ecosistema.
Un ejemplo hipotético ayuda a entenderlo: una empresa aporta capital a un laboratorio que, a su vez, se compromete a contratar sus servicios. La operación apoya la expansión de ambos, pero también vincula su financiación y sus ingresos futuros.
La consecuencia es una doble exposición. Si el receptor atraviesa dificultades, quien lo financia puede ver deteriorarse su inversión al mismo tiempo que pierde parte del negocio que esperaba obtener de ese cliente.
Por eso el riesgo va más allá de la cotización de una compañía aislada. Los acuerdos crean dependencias que pueden transmitir problemas entre participantes, especialmente cuando una parte importante del negocio se concentra en pocas empresas.
Una tecnología revolucionaria también puede atraer inversión excesiva
El Banco de Pagos Internacionales ya había señalado en junio paralelismos con anteriores auges de inversión. Su informe recuerda los canales del siglo XIX, el ferrocarril británico, la electrificación de los años veinte y la burbuja puntocom.
En esos episodios había avances tecnológicos auténticos, pero el capital invertido terminó superando lo que los rendimientos comerciales podían justificar. Que una tecnología transforme la economía no garantiza que todas las apuestas alrededor de ella sean rentables.
El organismo también observa obstáculos físicos: disponibilidad de electricidad, semiconductores avanzados y equipos de red eléctrica. Reservar capacidad mediante contratos a largo plazo puede asegurar suministros, aunque aumenta la exposición si posteriormente la demanda decepciona.
A estas advertencias se suma Chris Wood, estratega de Jefferies. Según recoge The Register, teme una fuerte destrucción de capital por el gasto estadounidense en IA y destaca la presión competitiva de los modelos chinos abiertos y más baratos.
Los ciberataques y la deuda pública completan el mapa de riesgos
El informe del FMI sitúa junto a la IA otros dos posibles detonantes de turbulencias: un repunte brusco de la rentabilidad de los bonos soberanos y los ciberataques. Más inflación o dudas fiscales pueden encarecer la financiación de los Estados.
En el frente tecnológico, compartir proveedores también significa compartir posibles puntos de fallo. La dependencia de un número reducido de servicios de nube y empresas de software puede propagar una interrupción entre varias entidades financieras.
Un ataque grave podría afectar a pagos, operaciones de mercado o acceso a depósitos. El FMI indica, además, que más del 70% de las vulnerabilidades explotadas analizadas en lo que va de 2026 se utilizaron antes de su divulgación pública o ese mismo día.
La IA añade capacidades a los atacantes, aunque también ayuda a detectar amenazas y automatizar respuestas. El resultado exige reforzar la preparación ante incidentes y la supervisión de proveedores críticos, además de corregir fallos técnicos.
El FMI pide prevención y no anticipa un colapso inevitable
El matiz fundamental es que el FMI no está anunciando una crisis financiera inminente. Sus pruebas de resistencia muestran que el sistema bancario conservaría una resiliencia general bajo un escenario adverso, aunque aparecería un grupo significativo de entidades vulnerables.
Una caída de activos puede convertirse en un problema sistémico si se combina con debilidades que dificulten la intermediación financiera y el crédito. El informe distingue expresamente los posibles detonantes de los factores capaces de amplificar sus efectos.
La respuesta propuesta pasa por contener el apalancamiento excesivo, mejorar la transparencia y reforzar la capacidad de resistencia. También reclama unas finanzas públicas sostenibles y mayor preparación operativa ante perturbaciones, en un contexto con poco margen para actuar.
El debate sobre cómo financiar esta expansión sigue abierto, como contamos al explicar que OpenAI ha descartado salir a bolsa en 2026. Para el conjunto del sector, convertir la inversión en ingresos sostenibles será decisivo.