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La nueva Siri con inteligencia artificial iba a ser una de las grandes novedades del ecosistema Apple, pero en Europa su llegada se ha convertido en otro capítulo más de la tensa relación entre Cupertino y Bruselas.
Tim Cook, todavía CEO de Apple hasta que John Ternus tome el relevo el 1 de septiembre de 2026, mantuvo este lunes 30 de junio una videollamada con Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea y responsable de la agenda tecnológica del bloque. Al terminar, ambas partes coincidieron en calificar la conversación como “constructiva”.
El problema es que, en este caso, “constructiva” parece significar poco más que “seguimos hablando”.
Sobre la mesa estaba Siri AI, la versión renovada del asistente de Apple impulsada por Apple Intelligence, y una pregunta muy concreta: cómo puede llegar a los iPhone y iPad de la Unión Europea sin entrar en conflicto con la Ley de Mercados Digitales, más conocida como DMA.
Por ahora, la respuesta es bastante incómoda para los usuarios europeos: Siri AI no estará disponible en iOS 27 ni en iPadOS 27 dentro de la UE cuando estas versiones lleguen más adelante este año.
Una reunión cordial, pero sin avances visibles
La Comisión Europea explicó que Cook y Virkkunen mantuvieron un intercambio “constructivo” sobre asuntos de interés común, aunque sin detallar acuerdos concretos. Esa falta de detalles resulta bastante reveladora: si hubiera habido un gran avance, probablemente alguna de las dos partes se habría encargado de dejarlo claro.
Apple tampoco ha anunciado cambios en su calendario. La compañía mantiene que Siri AI llegará a los usuarios europeos en macOS 27, visionOS 27 y watchOS 27, pero no en iPhone ni en iPad dentro de la Unión Europea.
Esto deja una situación bastante extraña: un usuario europeo podrá usar la nueva Siri en un Mac, en un Apple Watch o en un Vision Pro, pero no en los dos dispositivos donde el asistente tiene más sentido para la mayoría de personas: el iPhone y el iPad.
La llamada, por tanto, no ha desbloqueado la situación. Ha servido, como mucho, para mantener abierto un canal de diálogo en un momento en el que la relación entre Apple y Bruselas está lejos de ser sencilla.
El choque está en la interoperabilidad
El conflicto gira alrededor de una de las grandes ideas de la DMA: impedir que los grandes guardianes de acceso, como Apple, usen sus plataformas para cerrar el paso a competidores.
En el caso de Siri AI, la Comisión Europea quiere que Apple permita una interoperabilidad real con asistentes de terceros. Dicho de otra forma: si Siri puede acceder profundamente al sistema para leer mensajes, enviar comunicaciones, interactuar con apps o realizar ciertas acciones en nombre del usuario, Bruselas considera que otros asistentes también deberían poder competir en condiciones equivalentes.
Apple ve el asunto de una forma muy distinta. La compañía sostiene que dar a asistentes externos un nivel de acceso comparable al de Siri plantea riesgos importantes de privacidad y seguridad. Según Apple, sus propuestas para llevar Siri AI a Europa incluyendo compatibilidad segura con asistentes rivales no han sido aceptadas por los reguladores europeos.
Bruselas, por su parte, argumenta que Apple no ha presentado una solución capaz de cumplir a la vez con la interoperabilidad exigida por la DMA y con los estándares de protección de datos y seguridad que reclama la propia compañía.
En el fondo, ambas posiciones reflejan el mismo dilema de siempre: Apple defiende un ecosistema muy controlado como garantía de seguridad, mientras que la UE quiere abrir ese ecosistema para favorecer la competencia.
Por qué Siri AI se retrasa solo en iPhone y iPad
La clave está en que la DMA no afecta por igual a todos los sistemas operativos de Apple. Las restricciones actuales se aplican a iOS y iPadOS, que son las plataformas formalmente designadas bajo la normativa europea.
Por eso Apple puede lanzar Siri AI en macOS 27, visionOS 27 y watchOS 27 dentro de la Unión Europea, pero no en iOS 27 ni en iPadOS 27. Desde el punto de vista del usuario, la diferencia puede parecer difícil de entender, pero desde el punto de vista regulatorio es fundamental.
La consecuencia práctica es que millones de usuarios europeos se quedarán sin una de las funciones estrella de Apple Intelligence en sus dispositivos principales. Y eso llega en un momento especialmente delicado para Apple, que intenta demostrar que no se ha quedado atrás frente a rivales como Google, OpenAI, Anthropic o Samsung en la carrera de la inteligencia artificial.
Siri lleva años arrastrando una reputación desigual. Aunque fue pionera en llevar los asistentes de voz al gran público, sus capacidades han quedado por detrás de alternativas más modernas y conversacionales. Siri AI debería ser la respuesta de Apple a esa nueva etapa, pero en Europa empezará con una ausencia muy visible.
Apple culpa a Bruselas; Bruselas culpa a Apple
La lectura de Apple es clara: la empresa quería lanzar Siri AI en la UE, pero la Comisión Europea no habría aceptado sus propuestas técnicas. En su comunicación oficial, Apple llegó a expresar su decepción porque los usuarios europeos no pudieran disfrutar de Siri AI en iPhone y iPad desde el lanzamiento de iOS 27 y iPadOS 27.
La Comisión Europea ofrece otra versión. Para Bruselas, el problema no es que la DMA impida lanzar funciones avanzadas, sino que Apple todavía no ha demostrado cómo permitir una interoperabilidad efectiva sin incumplir las exigencias de privacidad y seguridad.
Las dos posturas no son necesariamente incompatibles. Apple puede estar intentando proteger su arquitectura cerrada y, al mismo tiempo, la Comisión puede estar presionando para que esa arquitectura sea más abierta de lo que Apple considera aceptable.
El resultado es un bloqueo en el que cada parte acusa a la otra de no moverse lo suficiente. Y, mientras tanto, los usuarios se quedan sin la función.
Un pulso que va más allá de Siri
Siri AI no es un caso aislado. La Unión Europea lleva meses aumentando la presión sobre las grandes tecnológicas mediante la DMA, con el objetivo de abrir ecosistemas cerrados y limitar prácticas consideradas anticompetitivas.
Apple ya ha recibido una multa de 500 millones de euros por sus normas de direccionamiento en la App Store, relacionadas con las restricciones que impedían a los desarrolladores informar libremente a los usuarios sobre alternativas de pago fuera de la tienda de Apple.
La compañía también sigue bajo el escrutinio de Bruselas en otros frentes vinculados a la DMA, desde la distribución de apps hasta el funcionamiento de ciertos servicios integrados en sus plataformas.
En paralelo, la Comisión también ha presionado a Google para abrir Android a asistentes rivales. Es decir, Apple no está siendo el único objetivo. La diferencia es que, en el caso de Apple, el choque resulta más visible porque la compañía siempre ha vendido el control de su ecosistema como una ventaja clave para la seguridad, la privacidad y la experiencia de usuario.
Para Cupertino, abrir ciertas partes del sistema puede parecer una amenaza directa a su modelo. Para Bruselas, no abrirlas puede equivaler a bloquear la competencia.
La transición de Tim Cook añade más contexto
La reunión llega además en un momento simbólico para Apple. Tim Cook dejará de ser CEO el 1 de septiembre de 2026 y pasará a ocupar el cargo de presidente ejecutivo del consejo de administración. John Ternus, actual responsable de Ingeniería de Hardware, tomará el relevo al frente de la compañía.
Cook ha sido durante años mucho más que el máximo responsable operativo de Apple. También ha ejercido como una figura clave en la relación de la empresa con gobiernos, reguladores e instituciones de todo el mundo. Su papel como interlocutor ante Bruselas encaja perfectamente con esa etapa final de su mandato.
Que sea Cook quien siga al frente de estas conversaciones no parece casual. Apple necesita mantener una relación lo menos hostil posible con la Unión Europea, incluso aunque las diferencias sean profundas. Y Cook, con su perfil diplomático, sigue siendo probablemente la persona mejor situada para intentar rebajar la tensión.
Aun así, la reunión del lunes no cambia lo esencial: Siri AI sigue sin fecha para iPhone y iPad en la Unión Europea.
Los usuarios europeos vuelven a pagar el precio
El gran perjudicado de este pulso vuelve a ser el usuario europeo. Apple y la Comisión Europea pueden defender sus argumentos, pero la consecuencia inmediata es sencilla: quienes compren o actualicen un iPhone en la UE no tendrán acceso a una de las funciones más importantes de iOS 27.
Para algunos usuarios, esto será una molestia menor. Para otros, será otra señal de que Europa empieza a recibir versiones recortadas o retrasadas de determinadas funciones tecnológicas por culpa del tira y afloja regulatorio.
La cuestión es especialmente delicada porque la DMA busca precisamente beneficiar al consumidor: más competencia, más libertad de elección y menos dependencia de los gigantes tecnológicos. Pero cuando una función se retrasa, el beneficio regulatorio se vuelve menos visible y la frustración del usuario aparece de forma inmediata.
Apple sabe explotar muy bien ese mensaje. La compañía puede presentarse como una empresa obligada a retrasar innovaciones por culpa de una regulación excesiva. La Comisión, en cambio, insiste en que permitir nuevas funciones no puede servir como excusa para reforzar todavía más el control de Apple sobre su ecosistema.