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Comprar un PC, una consola o incluso una tablet podría ser cada vez más caro por una razón que hasta hace poco pasaba bastante desapercibida para el usuario medio: la memoria. La subida de precios de la RAM y del almacenamiento NAND se está convirtiendo en uno de los grandes problemas de la industria tecnológica, y Lenovo no parece demasiado optimista sobre una vuelta a la normalidad.
Según las previsiones comentadas por Lenovo en la conferencia ISC 2026, los precios de la memoria no regresarían a los niveles anteriores a 2025. La compañía habla más bien de una “nueva normalidad” a partir de 2030, con costes estructuralmente más altos aunque los fabricantes aumenten su capacidad de producción.
La culpa, como en tantos otros ámbitos tecnológicos actuales, apunta directamente a la inteligencia artificial. Los centros de datos dedicados a IA están absorbiendo una enorme cantidad de DRAM, HBM y almacenamiento, dejando menos margen para fabricantes de ordenadores, consolas, móviles y otros dispositivos de consumo.
La IA está cambiando las reglas del mercado de memoria
El problema no es solo que haya más demanda. Es que los fabricantes de memoria tienen ahora clientes mucho más rentables que los tradicionales fabricantes de electrónica de consumo.
Samsung, SK Hynix y Micron dominan buena parte del mercado global de DRAM, y su prioridad se ha desplazado hacia los chips de alto rendimiento para centros de datos. Estos componentes son más caros, tienen márgenes superiores y están ligados a contratos de suministro a largo plazo con grandes tecnológicas que están invirtiendo miles de millones en infraestructura de IA.
Esto deja a compañías como Lenovo, Microsoft, Sony, Apple, Valve o los fabricantes de PC en una posición incómoda: necesitan memoria para vender productos masivos, pero compiten contra centros de datos que están dispuestos a pagar mucho más.
Valve lo ha explicado de forma bastante gráfica. Pierre-Loup Griffais, ingeniero de la compañía, aseguró recientemente que los proveedores de RAM simplemente les ofrecen un precio cada cierto tiempo y la decisión es “sí o no”. Si rechazan la oferta, no hay negociación real: el proveedor puede dejar de llamarles.
Consolas más caras y Steam Machine por encima de los 1.000 dólares
Esta presión ya se está notando en productos concretos. Microsoft ha anunciado nuevas subidas de precio para Xbox a partir del 1 de agosto de 2026, con incrementos de 100 a 150 dólares —unos 88 a 132 euros al cambio actual— según el modelo. La compañía también ha decidido retirar la versión de 2 TB.
La propia Microsoft ha reconocido que los costes de memoria y almacenamiento para consolas se han multiplicado por más de 2,5 y que podrían volver a duplicarse de aquí al otoño de 2027. En un negocio como el de las consolas, donde el hardware suele venderse con márgenes muy ajustados o incluso por debajo de coste, el golpe es especialmente duro.
El resultado es que precios que antes parecían excepcionales empiezan a parecer el nuevo punto de partida. Consolas entre 599,99 y 799,99 dólares —aproximadamente entre 527 y 702 euros— podrían dejar de ser una anomalía. Y dispositivos como la nueva Steam Machine, que se espera por encima de los 1.000 dólares —unos 878 euros—, reflejan hasta qué punto la memoria se ha convertido en un cuello de botella.
Apple, PCs y tablets tampoco se libran
Aunque el impacto se está viendo con mucha claridad en el mundo del gaming, el problema va mucho más allá. La subida de RAM y almacenamiento afecta a portátiles, sobremesas, tablets, estaciones de trabajo, servidores pequeños e incluso smartphones.
Apple también habría ajustado precios en parte de su catálogo, con subidas especialmente notables en configuraciones superiores de Mac y iPad. En los modelos más avanzados, el encarecimiento puede dispararse cuando el usuario elige más memoria unificada o más almacenamiento interno, precisamente los dos componentes bajo mayor presión.
El patrón es fácil de entender: cuanto más depende un producto de grandes cantidades de RAM, SSD o memoria de alto ancho de banda, más expuesto está a esta crisis. Y eso castiga especialmente a los dispositivos de gama alta, equipos profesionales y hardware pensado para durar varios años.
Por qué fabricar más memoria no solucionará el problema de inmediato
La solución más evidente sería fabricar más chips, pero en semiconductores nada es rápido ni barato. Levantar una nueva planta de fabricación requiere miles de millones de dólares, años de planificación, equipamiento especializado y una cadena de suministro extremadamente compleja.
Además, no basta con “hacer más RAM”. Muchos fabricantes han reorientado líneas de producción hacia memoria avanzada para IA, como HBM, que no se puede sustituir fácilmente por módulos convencionales de consumo. Si una fábrica se adapta para producir un tipo concreto de chip más rentable, volver atrás no es tan sencillo como cambiar una máquina de sitio.
A esto se suman los contratos plurianuales. Buena parte de la producción futura ya está comprometida con grandes clientes de centros de datos, y esas obligaciones pueden extenderse hasta el final de la década. Por eso Lenovo considera que incluso un aumento de capacidad a partir de 2028 no bastaría para recuperar los precios de principios de 2025.
El consumidor pagará la factura
Para el usuario, todo esto se traduce en una realidad poco agradable: actualizar el PC será más caro, ampliar RAM será menos tentador y comprar dispositivos con más almacenamiento interno puede convertirse en un lujo todavía mayor.
También puede cambiar la estrategia de los fabricantes. En lugar de ofrecer saltos generacionales agresivos con más memoria y más almacenamiento de serie, podrían optar por configuraciones más conservadoras para contener precios. Eso afectaría a portátiles, consolas y equipos compactos, donde la memoria suele ir soldada y no siempre se puede ampliar después.
En videojuegos, el impacto puede ser especialmente delicado. Si menos usuarios actualizan su hardware, los desarrolladores tendrán que optimizar más y asumir que una parte importante del público seguirá utilizando máquinas más antiguas durante más tiempo. Esto podría ralentizar el ritmo de adopción de nuevas tecnologías gráficas o de mundos más complejos.
También hay una factura energética y medioambiental
La expansión de centros de datos de IA no solo está tensionando el mercado de componentes. También está generando preocupación por su consumo energético, sus necesidades de refrigeración y su impacto en comunidades locales.
La Agencia Internacional de la Energía estima que un centro de datos hiperescalar típico de 100 MW puede consumir alrededor de 530.000 galones de agua al día, equivalentes al uso de unos 6.500 hogares, aunque la cifra varía mucho según el clima, la tecnología de refrigeración y el diseño de cada instalación.
La industria está intentando mejorar la eficiencia con refrigeración líquida, sistemas de circuito cerrado y diseños que reducen el uso de torres de refrigeración tradicionales. NVIDIA, por ejemplo, ha presentado diseños de centros de datos que buscan reducir drásticamente el uso de agua en refrigeración, aunque eso no elimina otros impactos asociados a electricidad, fabricación de chips o construcción de infraestructuras.
¿Volverán a bajar los precios de la RAM?
La respuesta corta es que pueden bajar desde los picos más extremos, pero no está claro que vuelvan a los niveles que muchos usuarios recuerdan como “normales”. Lenovo no está diciendo simplemente que habrá una mala racha de unos meses, sino que el mercado podría haber cambiado de forma estructural.
La concentración del mercado en pocos fabricantes, la prioridad de la IA, los contratos a largo plazo y la dificultad de aumentar producción rápidamente crean una tormenta perfecta. Incluso si la fiebre por la IA se enfría, los fabricantes ya han invertido grandes cantidades en adaptar sus fábricas a ese negocio, y no tienen demasiados incentivos para regresar a un escenario de precios mucho más bajos.
Para el consumidor, la recomendación práctica es clara: si necesitas ampliar memoria o comprar almacenamiento, conviene vigilar precios y ofertas con más atención que nunca. La época de esperar tranquilamente a que la RAM baje cada pocos meses podría haber quedado atrás.