La UE quiere prohibir las redes sociales a los menores de 13 años: así será el Kids Act

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La Unión Europea se dispone a dar uno de sus pasos más contundentes para proteger a los menores en Internet. La Comisión Europea presentará el jueves 17 de septiembre el llamado EU Kids Act, una propuesta que limitará el acceso de niños y adolescentes a redes sociales y que también alcanzará a determinadas plataformas de videojuegos y chatbots de inteligencia artificial.

El planteamiento anunciado por Ursula von der Leyen establece distintos niveles de protección según la edad. La idea central es clara: los menores de 13 años no deberían utilizar redes sociales por su cuenta, mientras que quienes tengan entre 13 y 14 años solo podrían disponer de una cuenta supervisada por sus padres o tutores y sometida a restricciones.

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La propuesta todavía tendrá que superar el proceso legislativo europeo, por lo que no se trata de una prohibición que vaya a entrar en vigor inmediatamente. Aun así, el anuncio anticipa un cambio de enfoque importante: las plataformas ya no podrían limitarse a preguntar la fecha de nacimiento, sino que tendrían que comprobar la edad y demostrar que sus servicios son seguros para los usuarios más jóvenes.

 

Una protección diferente para cada franja de edad

Durante su discurso sobre el estado de la Unión, la presidenta de la Comisión resumió la propuesta con dos mensajes muy directos: nada de redes sociales para menores de 13 años y ninguna cuenta personal antes de los 15. En lugar de aplicar una única barrera para toda la adolescencia, Bruselas quiere adaptar las reglas a la madurez de cada grupo.

Hasta ahora, muchas plataformas han fijado en 13 años la edad mínima de acceso, pero la comprobación suele depender de una fecha introducida por el propio usuario. El Kids Act pretende sustituir esa fórmula fácilmente manipulable por un sistema en el que la edad declarada tenga que verificarse y los permisos cambien automáticamente según la franja correspondiente.

La formulación definitiva será importante. El discurso de von der Leyen habló de forma tajante de que no habría redes sociales por debajo de los 13 años, mientras que el borrador conocido por Financial Times apunta a que podría existir algún tipo de acceso bajo supervisión parental. El texto oficial deberá aclarar si esa excepción permite una cuenta infantil o solo una experiencia gestionada desde el perfil de un adulto.

Entre los 13 años y el momento de cumplir 15, la solución prevista serían las llamadas “minicuentas”. Estas estarían creadas y supervisadas por los padres o tutores, ofrecerían menos funciones y tendrían límites de uso, de modo que el adolescente no recibiría exactamente la misma experiencia que un adulto.

 

Así cambiarían las cuentas de niños y adolescentes

El plan divide la protección en tres niveles. Los menores de 13 años quedarían sujetos a la restricción más severa; los jóvenes de 13 y 14 años podrían acceder mediante cuentas parentales limitadas; y, desde los 15 hasta los 17 años, las empresas tendrían que ofrecer un servicio diseñado específicamente para reducir riesgos.

Edad Acceso previsto Protecciones principales
Menos de 13 años Sin acceso autónomo a redes sociales Posible supervisión parental, pendiente de concreción en el texto final
De 13 a 14 años “Minicuenta” creada y supervisada por padres o tutores Funciones reducidas, controles parentales y límite diario
De 15 a 17 años Cuenta propia Diseño seguro obligatorio y protecciones adaptadas a menores

Una de las medidas más llamativas sería un límite de una hora diaria para las minicuentas de 13 y 14 años. No está claro todavía si los padres podrán ampliar ese tiempo, si la restricción se aplicará por plataforma o de manera conjunta, ni cómo se coordinará el cómputo entre varios teléfonos, tabletas y ordenadores.

También faltan por conocer las funciones concretas que desaparecerían en esas cuentas. Entre las posibilidades que encajan con el objetivo de la norma están la limitación de mensajes de desconocidos, la desactivación de recomendaciones personalizadas, menos notificaciones y mayores restricciones sobre compras, retransmisiones en directo o publicación de contenido.

Para los adolescentes de 15 a 17 años no se plantea una cuenta infantil, pero sí un principio de “diseño seguro” obligatorio. Esto trasladaría la responsabilidad a las empresas: ya no bastaría con esconder determinadas opciones en los ajustes, sino que la experiencia predeterminada tendría que reducir la exposición a dinámicas perjudiciales.

 

La verificación de edad será la pieza clave

Toda la arquitectura del Kids Act depende de que las plataformas puedan distinguir de forma fiable a un adulto de un menor. Según la información adelantada sobre el borrador, las empresas tendrán que recurrir a una aplicación oficial de verificación de edad, en lugar de confiar únicamente en la fecha de nacimiento declarada al registrarse.

La intención es que esa comprobación confirme si una persona supera un umbral sin obligarla a entregar todos sus datos personales a cada red social. Este enfoque podría reducir la cantidad de información que reciben las plataformas, aunque el texto tendrá que explicar qué documentos serán válidos, quién procesará la identidad y durante cuánto tiempo se conservarán los datos.

La verificación no es un problema menor. Como ya contamos en Teknofilo, algunos menores británicos han conseguido engañar a sistemas de estimación facial con bigotes falsos, mientras que Meta ha explorado técnicas tan polémicas como analizar la altura o la estructura corporal para detectar cuentas infantiles.

El gran reto será encontrar un equilibrio entre eficacia y privacidad. Un control demasiado débil se puede sortear con facilidad, pero exigir un documento de identidad a todos los usuarios podría crear nuevas bases de datos sensibles y convertir la protección de menores en un mecanismo de identificación generalizada de Internet.

 

La norma no se limitará a Instagram, TikTok o Facebook

Aunque las redes sociales protagonizan el anuncio, el alcance previsto es más amplio. Determinados servicios de videojuegos online y chatbots de inteligencia artificial también tendrían que verificar la edad, activar salvaguardas y adaptar su funcionamiento cuando quien está al otro lado es un menor.

En el caso de los videojuegos, la futura ley podría afectar especialmente a las plataformas con perfiles sociales, chats, sistemas de recomendación, compras integradas o mecánicas destinadas a prolongar el tiempo de uso. El borrador no implica que todos los juegos vayan a quedar prohibidos, sino que los servicios considerados de riesgo tendrían que aplicar las protecciones correspondientes.

Los chatbots plantean un desafío distinto porque algunos usuarios jóvenes pueden llegar a tratarlos como amigos, confidentes o consejeros. Bruselas quiere impedir los diseños que fomenten una dependencia emocional poco saludable, así como las conversaciones que expongan a los niños a contenido sexual, autolesiones, manipulación u otras interacciones dañinas.

La frontera entre una herramienta educativa y un compañero artificial no siempre resulta evidente. Por eso, las empresas de IA podrían tener que introducir respuestas específicas para menores, sistemas de derivación ante situaciones de peligro, avisos más claros y límites a las personalidades que simulan vínculos íntimos o exclusivos.

 

Bruselas pone el foco en el diseño adictivo

Von der Leyen justificó la iniciativa afirmando que los menores europeos pasan entre cuatro y seis horas diarias frente a pantallas. En su intervención relacionó el diseño de los feeds con la pérdida de sueño, la ansiedad y las autolesiones, y defendió que Europa no tiene por qué aceptar productos creados para mantener a los niños desplazándose sin parar.

La preocupación no se limita al contenido ilegal. Funciones aparentemente normales como el scroll infinito, la reproducción automática, las rachas, las recompensas variables o una sucesión inagotable de recomendaciones pueden convertir el uso ocasional en un hábito compulsivo, especialmente entre usuarios que todavía están desarrollando su capacidad de autorregulación.

Esta idea conecta con otro frente regulatorio que ya analizamos en Teknofilo: la ofensiva europea para poner límites al scroll infinito y al autoplay de Facebook e Instagram. El Kids Act añadiría una capa específica para menores y obligaría a las plataformas a acreditar que su diseño no los empuja hacia contenido cada vez más extremo.

La Comisión también prepara para el otoño un Digital Fairness Act de alcance más amplio, ya que las técnicas adictivas no afectan únicamente a niños y adolescentes. Ambos proyectos apuntan en la misma dirección, aunque seguirán calendarios legislativos diferentes y su redacción definitiva podría cambiar durante la negociación.

 

Multas millonarias y un camino legislativo todavía por recorrer

Las empresas que incumplan las obligaciones podrían exponerse a multas de hasta el 6 % de su facturación mundial anual. Es un techo sancionador comparable al del Reglamento de Servicios Digitales, pensado para que la penalización siga siendo relevante incluso para compañías globales con ingresos de decenas de miles de millones.

El Kids Act no partirá de cero. La futura norma se apoyará en el Reglamento de Servicios Digitales y convivirá con la Ley de Inteligencia Artificial, además de sumar obligaciones específicas para menores. Europa busca así cerrar huecos que las reglas actuales no cubren con suficiente precisión, sobre todo en controles de edad, cuentas supervisadas y diseño de chatbots.

Por ahora, sin embargo, estamos ante una propuesta de la Comisión. Tras su presentación deberá negociarse con el Parlamento Europeo y los Estados miembros, un proceso en el que pueden cambiar las edades, los servicios afectados, las excepciones y los plazos de adaptación. No existe todavía una fecha de entrada en vigor.

La iniciativa también puede abrir un nuevo conflicto con las grandes tecnológicas y con Estados Unidos, pero la presión regulatoria ya no procede solo de Europa. Australia y otros países han impulsado restricciones similares, Reino Unido ha anunciado su propio veto a redes sociales para menores de 16 años y varios estados estadounidenses han llevado a los tribunales el posible daño de estas plataformas sobre la salud mental infantil.

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