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Más IA y más control: así quiere LALIGA combatir la piratería con su nuevo socio

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LALIGA y Fastly han anunciado una nueva colaboración tecnológica para combatir la retransmisión ilegal de partidos en directo. Sobre el papel, el mensaje suena impecable: más inteligencia artificial, más precisión, más rapidez y una promesa clara de perseguir las emisiones piratas sin afectar al resto de usuarios.

Sin embargo, el anuncio llega en un momento especialmente delicado para LALIGA, cuya estrategia antipiratería lleva tiempo generando una fuerte polémica por los bloqueos indiscriminados que han terminado afectando a servicios legítimos, webs legales y usuarios completamente ajenos a las retransmisiones ilícitas.


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La compañía de edge cloud Fastly se presenta en este acuerdo como un socio tecnológico capaz de ayudar a LALIGA a identificar emisiones ilegales casi en tiempo real. Según explican ambas compañías, el proyecto busca desarrollar soluciones técnicas que permitan frenar la piratería de eventos deportivos en directo, con especial foco en los partidos de LALIGA, y proteger así el valor económico de unos derechos audiovisuales que siguen siendo una de las grandes fuentes de ingresos del fútbol profesional.

 

Un nuevo socio tecnológico para la ofensiva antipiratería de LALIGA

Fastly y LALIGA no empiezan ahora su relación. Ambas compañías comenzaron a colaborar el año pasado, impulsadas por la dimensión del problema de las retransmisiones ilegales de deportes en directo. Según exponen, en cada jornada siguen apareciendo numerosas plataformas no autorizadas que distribuyen partidos de forma ilícita, lo que ha llevado a LALIGA a intensificar su presión sobre todos los eslabones de la cadena tecnológica.

Para responder a este escenario, Fastly asegura haber desarrollado un sistema de detección inteligente que combina inteligencia artificial con señales de contenido facilitadas por los propietarios de los derechos. La promesa es identificar emisiones ilegales con gran rapidez y facilitar su retirada con mayor precisión, reduciendo así el tiempo durante el que estos contenidos permanecen accesibles.

El planteamiento, dicho así, parece razonable. El problema es que LALIGA lleva tiempo defendiendo públicamente la idea de que su lucha contra la piratería se guía por la precisión, mientras la realidad ha mostrado una cara bastante menos limpia: cortes, bloqueos y restricciones que no siempre distinguen bien entre actividad ilícita y tráfico perfectamente legítimo.

 

Las cifras con las que LALIGA justifica su estrategia

LALIGA sostiene que la piratería cuesta a los clubes españoles entre 600 y 700 millones de euros al año. Esa cifra sirve de base para justificar el endurecimiento de sus medidas y el despliegue de nuevas herramientas de vigilancia y actuación. Además, la organización cita un estudio de Grant Thornton de 2025 según el cual en 2024 se detectaron al menos 10,8 millones de retransmisiones no autorizadas.

Ese mismo informe añade dos datos que explican por qué la industria insiste en buscar soluciones más agresivas: más del 81% de esas emisiones no dieron lugar a una suspensión, y solo el 2,7% de las infracciones fueron abordadas en un plazo de 30 minutos. Desde el punto de vista de los titulares de derechos, estas cifras reflejan que los mecanismos de retirada actuales siguen siendo demasiado lentos para un producto como el fútbol en directo, cuyo valor se evapora minuto a minuto.

Ese diagnóstico, sin embargo, no convierte automáticamente en aceptable cualquier método para combatir el problema. Que exista piratería a gran escala no debería servir como coartada para normalizar medidas desproporcionadas o técnicamente chapuceras que acaban perjudicando a terceros. Y ahí es donde LALIGA tiene un serio problema de credibilidad.

 

La gran contradicción: hablar de precisión tras meses de polémica

En el comunicado, Fastly insiste en que su propuesta está diseñada precisamente para evitar los daños colaterales. La empresa afirma que su solución permitirá a sus clientes eliminar contenido ilegal con mayor exactitud. Incluso Kelly Shortridge, Chief Product Officer de Fastly, subraya que, frente a otras estrategias basadas en bloqueos regionales, su enfoque apuesta por la precisión para que los aficionados puedan disfrutar del partido mientras se combate el abuso por parte de los infractores.

El problema para LALIGA es evidente: ese discurso choca frontalmente con la percepción pública que ha dejado su actuación reciente. La patronal del fútbol español lleva meses defendiendo su guerra contra la piratería como una misión casi moral, pero demasiadas veces esa batalla ha terminado traduciéndose en bloqueos masivos con consecuencias para servicios que no tenían nada que ver con las emisiones ilegales.

Y ese es precisamente el punto más criticable de todo este anuncio. LALIGA quiere que el foco vuelva a ponerse en la innovación, la cooperación tecnológica y la defensa de la propiedad intelectual. Lo que no quiere destacar es que, cuando se actúa de forma indiscriminada, el coste no lo pagan solo los piratas, sino también empresas, medios, plataformas y usuarios legítimos que ven afectado su acceso o su actividad por decisiones tomadas con una lógica de brocha gorda.

 

Javier Tebas saca pecho, pero no responde a la crítica de fondo

Javier Tebas, presidente de LALIGA, asegura que la organización ha logrado reducir la piratería de sus retransmisiones en España en un 60% durante la temporada 2024/25 gracias a una estrategia integral que combina medidas legales, educativas, institucionales y tecnológicas. También atribuye ese avance a su ecosistema de colaboradores, entre los que sitúa a Fastly, y reitera el compromiso de LALIGA de poner fin a la piratería con la implicación de todos los actores relevantes.

El problema es que ese relato vuelve a centrarse exclusivamente en la eficacia proclamada por LALIGA, sin entrar en la discusión realmente importante: qué precio está pagando el ecosistema digital por esa ofensiva. Porque no basta con anunciar descensos porcentuales o presumir de socios tecnológicos de primer nivel si, al mismo tiempo, la estrategia genera dudas sobre la proporcionalidad de las medidas aplicadas.

La cuestión no es si debe combatirse la piratería. Por supuesto que debe combatirse. La cuestión es si esa lucha puede desarrollarse sin atropellar derechos, sin perjudicar a terceros y sin convertir internet en un terreno en el que se bloquea primero y se afina después. Y en ese debate LALIGA sigue sin ofrecer una respuesta convincente.

 

Fastly intenta marcar distancia del bloqueo masivo

Uno de los aspectos más llamativos del anuncio es que Fastly parece querer diferenciarse explícitamente de los bloqueos regionales. La compañía recalca que su tecnología está pensada para detectar y desactivar retransmisiones no autorizadas dejando intacto el resto del tráfico, y que su colaboración con LALIGA se enmarca en un esfuerzo más amplio junto a tecnológicas, editores, empresas de contenidos y reguladores para crear mejores prácticas de actuación.

Ese matiz no es menor. De hecho, puede interpretarse como una forma de reconocer implícitamente que el gran problema de muchas estrategias antipiratería no está en su objetivo, sino en su ejecución. Sobre el papel, identificar publicaciones o extractos específicamente piratas y actuar solo sobre ellos suena mucho más sensato que recurrir a bloqueos amplios que terminan afectando a dominios, servicios o plataformas enteras.

La pregunta es si LALIGA está realmente dispuesta a asumir esa lógica de precisión o si simplemente utiliza esa retórica mientras continúa respaldando medidas que, en la práctica, han demostrado ser mucho más agresivas y torpes de lo que su comunicación oficial sugiere.

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Sobre el Autor
Luis A.
Luis es el creador y editor jefe de Teknófilo. Se aficionó a la tecnología con un Commodore 64 e hizo sus pinitos programando gracias a los míticos libros de 🛒 'BASIC para niños' con 11 años. Con el paso de los años, la afición a los ordenadores se ha extendido a cualquier cacharrito que tenga una pantalla y CPU.
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