Windows 11 queda en último lugar en un test de velocidad frente a seis generaciones de Windows

Un curioso experimento comparando seis generaciones de Windows ha reavivado el debate sobre el rendimiento real del sistema operativo de Microsoft a lo largo de los años.
En una prueba poco científica, pero muy llamativa, Windows 11 terminó en última posición en la mayoría de los test, mientras que Windows 8.1 se alzó como el inesperado ganador, dejando resultados que invitan tanto a la reflexión como a la sonrisa.
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Un experimento que enfrenta a seis generaciones de Windows
La prueba ha enfrentado a Windows XP, Windows Vista, Windows 7, Windows 8.1, Windows 10 y Windows 11, todos ejecutándose en el mismo tipo de equipo. El objetivo era medir velocidad, consumo de recursos y comportamiento general en tareas cotidianas, desde la gestión de memoria hasta la apertura de aplicaciones o la duración de la batería.
El test ha sido realizado por el creador TrigrZolt, que utilizó seis portátiles Lenovo ThinkPad X220 idénticos, equipados con procesador Intel Core i5-2520M, 8 GB de RAM y un disco duro de 256 GB. Un detalle clave: este hardware es muy antiguo y Windows 11 ni siquiera es compatible oficialmente con estos componentes.
Una metodología claramente favorable a los sistemas antiguos
El propio planteamiento del test deja claro que el entorno favorece a los sistemas operativos más antiguos. El uso de discos duros mecánicos, la ausencia de SSD y un procesador lanzado hace más de una década penalizan especialmente a los sistemas modernos, diseñados para aprovechar hardware mucho más avanzado.
Aun así, los resultados no dejan de ser llamativos, ya que Windows 10 se comportó razonablemente bien, mientras que Windows 11 sufrió una clara desventaja en casi todas las pruebas.
Uso de almacenamiento: Windows XP sorprende
En el apartado de almacenamiento, Windows XP fue el gran ganador, ocupando solo 18,9 GB con el sistema operativo y todas las aplicaciones instaladas. En el extremo opuesto, Windows 11 necesitó 37,3 GB, lo que refleja una mayor carga de servicios y componentes adicionales.
Curiosamente, Windows 11 no fue el peor aquí: Windows Vista ocupó 37,8 GB, y Windows 7 llegó a unos llamativos 44,6 GB, demostrando que no todo lo antiguo es necesariamente ligero.
Gestión de memoria RAM: clara ventaja para los clásicos
En consumo de memoria en reposo, Windows XP volvió a liderar con solo 0,8 GB de RAM, frente a los 3,3 GB de media de Windows 11, que llegaron a picos de 3,7 GB. Este mayor consumo se debe en gran parte a procesos en segundo plano y a la telemetría persistente de los sistemas modernos.
En equipos con poca RAM y almacenamiento lento, esta diferencia se traduce directamente en una sensación de mayor lentitud en Windows 11.
Navegación web y multitarea: 8.1 brilla con fuerza
En una de las pruebas más curiosas, se cargaron tantas pestañas de navegador como fuera posible antes de alcanzar los 5 GB de uso de RAM. Para garantizar compatibilidad, se utilizó el navegador Supermium.
Aquí, Windows 8.1 fue el claro vencedor, logrando abrir 252 pestañas, mientras que Windows 11 quedó último con solo 49 pestañas. Incluso Windows XP alcanzó 50 pestañas, aunque en su caso los fallos se debieron al archivo de paginación y no al límite de memoria.
Batería y tareas multimedia: diferencias mínimas
En la prueba de autonomía, Windows 11 fue el primero en apagarse y Windows XP el último, aunque la diferencia entre todos los sistemas fue de apenas dos minutos, por lo que el impacto real en el uso diario es prácticamente irrelevante.
En tareas multimedia como exportar audio en Audacity o renderizar vídeo, Windows 11 volvió a situarse en las últimas posiciones, aunque las diferencias fueron pequeñas. En renderizado de vídeo, Windows 10 destacó como el más rápido, mientras que XP y Vista quedaron fuera por incompatibilidad con el software utilizado.
Apertura de aplicaciones y uso diario
Cuando se midió el tiempo de apertura de aplicaciones como el Explorador de archivos, Paint, Calculadora, Adobe Reader o VLC, Windows 11 quedó último en todos los casos. Incluso en aplicaciones nativas, los sistemas más antiguos se mostraron más ágiles en este hardware concreto.
En navegación web, Windows 11 logró un tercer puesto puntual al cargar una imagen, pero volvió al último lugar al visitar sitios más complejos como Google Imágenes o la página de inicio de sesión de una cuenta Microsoft.
Benchmarks: resultados mixtos pero poco favorables
En pruebas sintéticas, Windows XP ganó en rendimiento mononúcleo, mientras que Windows 7 lideró en multinúcleo. Windows 11 se situó cuarto en ambos casos. En Geekbench, comparado directamente con Windows 10, Windows 11 obtuvo mejor puntuación en un solo núcleo, pero peor en multinúcleo.
En pruebas de disco y renderizado como CrystalDiskMark o Cinebench R10, Windows 8.1 volvió a destacar, mientras que Windows 11 se mantuvo en posiciones intermedias o bajas.
Un resultado demoledor, pero poco representativo
En conjunto, Windows 11 no ganó ninguna prueba, lo que da una imagen muy negativa del sistema. Sin embargo, incluso el propio creador del experimento reconoce que el test tiene más valor histórico que práctico. El hardware utilizado nunca fue pensado para un sistema operativo moderno, y la ausencia de un SSD penaliza especialmente a Windows 11.
En equipos actuales con procesadores modernos y almacenamiento NVMe, es muy probable que los resultados se inviertan por completo. Aun así, resulta llamativo que Windows 10 haya resistido mucho mejor en estas condiciones.
Windows 8.1, el ganador inesperado
Finalmente, el veredicto global del experimento dio la victoria a Windows 8.1, un sistema muy criticado en su lanzamiento pero que, en este escenario, se mostró fluido, rápido y sorprendentemente equilibrado. Además, su diseño visual resulta más cercano a Windows 10 y 11 que a Windows 7 o Vista, por lo que no se percibe tan anticuado.
El experimento deja una conclusión clara: la metodología no fue justa, pero ofrece una interesante perspectiva histórica sobre cómo han evolucionado Windows… y cómo, a veces, el pasado puede parecer más rápido de lo que recordábamos.





