El CEO de Microsoft AI cree que en 18 meses los trabajadores frente a un ordenador serán sustituidos por IA

Durante buena parte del siglo XX, estudiar un MBA o una carrera como Derecho era casi una apuesta segura para conseguir un buen trabajo de oficina y tener una carrera prometedora. Pero el siglo XXI está poniendo una pregunta incómoda encima de la mesa: ¿qué pasa cuando gran parte de esos empleos de oficina se pueden automatizar con inteligencia artificial?
En una conversación reciente con Financial Times, Mustafa Suleyman (CEO de Microsoft AI) lanzó una de las predicciones más contundentes que se han escuchado últimamente desde la cúpula del sector: en 12 a 18 meses podríamos ver un salto hacia un rendimiento “a nivel humano” en la mayoría de tareas profesionales, con impacto directo en puestos típicos de oficinas y servicios.
Si suena exagerado, no es la primera vez que se oye este tipo de mensaje. Lo relevante es que el tono de las advertencias vuelve a coger fuerza tras unos meses de calma relativa, y esta vez viene acompañado de señales en el mercado y de un cambio de enfoque: la llegada de sistemas “Agentic AI” (agentes de IA) capaces de ejecutar flujos de trabajo completos, no solo responder preguntas.
La predicción de Microsoft AI: automatización para casi todo lo que se hace “sentado ante un ordenador”
Suleyman describió un horizonte muy corto: tareas de oficina que hoy dependen de conocimiento y herramientas digitales podrían pasar a estar totalmente automatizadas en el plazo de un año o año y medio. En su lista de áreas vulnerables incluyó:
- Contabilidad y tareas financieras repetitivas.
- Legal (revisión documental, análisis, borradores y procesos de soporte).
- Marketing (creación, segmentación, análisis y ejecución de campañas).
- Gestión de proyectos (planificación, seguimiento, reporting y coordinación).
La idea central es simple: si el trabajo se basa en información, documentos, hojas de cálculo, correos, presentaciones y software… la IA tiene un camino natural para asumir cada vez más piezas del proceso.
El “momento febrero 2020”: la comparación que está circulando por el sector
El aviso de Suleyman conectó con un texto que se volvió viral, firmado por el investigador de IA Matt Shumer, que comparaba este punto de inflexión con las semanas previas a la pandemia: cuando muchas señales estaban ahí, pero la mayoría seguía con su rutina. En su lectura, lo que viene sería todavía más dramático que lo que se vivió entonces, porque afectaría a la estructura laboral de millones de personas.
En paralelo, otros líderes han mostrado inquietud por el ritmo de cambio. Tanto Shumer como Sam Altman (CEO de OpenAI) han expresado recientemente una mezcla de alarma e incluso tristeza al ver cómo lo que consideraban el trabajo de su vida se acelera hasta volverse irreconocible en poco tiempo.
El combustible del salto: “computación” y la curva exponencial
Suleyman apoyó su tesis en un argumento recurrente en la industria: el crecimiento exponencial de la capacidad de cómputo. Si la potencia disponible y la eficiencia de los modelos siguen escalando, el listón de lo que la IA puede hacer bien sube rápido.
En su visión, eso incluye que los sistemas lleguen a programar mejor que la mayoría de programadores humanos en tareas habituales. Recientemente, Spotify ha anunciado que sus mejores ingenieros no escriben código desde diciembre de 2025 gracias a la IA.
Este punto es clave porque el software está en el centro de casi todos los trabajos de oficina. Si la IA domina la creación y mantenimiento de software, también puede “envolver” procesos empresariales completos: desde capturar un requisito, hasta implementarlo, probarlo y desplegarlo.
La realidad actual: mucha experimentación, pocos despidos masivos… de momento
Aun con ese ruido, el impacto en el día a día de los servicios profesionales todavía parece limitado. Un informe de 2025 señalaba que abogados, contables y auditores están probando IA para tareas concretas como revisión de documentos o análisis rutinario. Los resultados, en general, han supuesto mejoras de productividad modestas, lejos de una sustitución masiva.
Además, hay casos que van a contracorriente: un estudio sobre desarrolladores de software concluyó que, en ciertas condiciones, usar IA hizo que las tareas tardaran un 20% más. Es un recordatorio incómodo: una herramienta potente no siempre se traduce en eficiencia si introduce fricción, requiere verificación o provoca errores difíciles de detectar.
La economía y los mercados: el efecto se concentra en Big Tech, pero el miedo ya se contagia
Otra lectura es que el retorno económico visible se ha quedado, sobre todo, en el sector tecnológico. El economista jefe de Apollo Global Management, Torsten Slok, citó que los márgenes de Big Tech subieron más de un 20% en el cuarto trimestre de 2025, mientras que el índice Bloomberg 500 apenas mostró cambios.
En línea con esa idea, Slok apuntó también que muchos inversores no esperan que la IA se traduzca en mayores beneficios fuera de tecnología, según las previsiones consensuadas para el S&P 500.
Sin embargo, aunque la “economía real” todavía no lo note con fuerza, los mercados sí están reaccionando al potencial de automatización. La prueba: un fuerte ajuste reciente en acciones de software por miedo a que la IA “agente” convierta parte del modelo SaaS en una capa prescindible. Algunos analistas han bautizado ese episodio como la “SaaSpocalypse”.
Señales tempranas de desplazamiento: recortes ligados a IA y el caso Microsoft
Hay indicios de que la sustitución ya ha empezado, aunque aún no sea masiva. Según la consultora laboral Challenger, Gray & Christmas, en 2025 hubo alrededor de 55.000 recortes relacionados con IA.
En el caso de Microsoft, la compañía recortó el año pasado 15.000 puestos (sin atribuir oficialmente el motivo a la IA). Tras una ronda de eliminaciones, Satya Nadella afirmó en un memo que la empresa debía “reimaginar su misión para una nueva era”. El mensaje encaja con lo que muchas organizaciones están haciendo: reorganizarse antes de que la tecnología les obligue.
¿Qué quiere Suleyman para Microsoft? Superinteligencia y modelos propios
Más allá de las predicciones, Suleyman dibuja un rumbo ambicioso para Microsoft AI: perseguir la “superinteligencia” y reducir dependencia de OpenAI reforzando modelos fundacionales propios.
Su visión es que entrenar o “diseñar” un modelo a medida acabará pareciéndose a crear un podcast o escribir un blog: algo al alcance de muchas organizaciones. Dicho de otro modo: cada empresa podría tener una IA ajustada a su operación, datos y necesidades, capaz de ejecutar funciones específicas con un nivel de autonomía creciente.
Un detalle que suele pasarse por alto: la traducción y las herramientas “cotidianas” ya muestran las costuras
Un dato curioso del estado actual de la tecnología: la traducción automática se ha convertido en una industria enorme, estimada en 31.000 millones de dólares (unos 26.120,6 millones de euros). Aun así, incluso en un caso de uso tan “maduro”, los errores y matices siguen siendo un problema cuando cada palabra importa.
Y eso es una pista para entender lo que viene en trabajos de oficina: la automatización no solo depende de que la IA sea capaz, sino de cuánto cuesta verificar, corregir y responsabilizarse del resultado. En entornos legales, financieros o de compliance, esa verificación puede ser el cuello de botella… al menos hasta que los sistemas y procesos se adapten.
¿Qué significa todo esto para empleados y empresas?
Si el pronóstico optimista se cumple, veremos un salto enorme en productividad. Si el pesimista se cumple, la transición será dolorosa para puestos de entrada y perfiles “generalistas” que basan su valor en trabajo digital repetible.
Probablemente ocurra algo intermedio: redefinición de roles, nuevas tareas, más presión por resultados, y una carrera por adoptar agentes en áreas donde el retorno sea claro. En cualquier caso, la conversación ha cambiado: ya no se discute solo si la IA ayuda, sino si puede encargarse del trabajo completo.







