El iPhone del 20º aniversario podría ser el móvil más espectacular de Apple gracias a este detalle

Apple podría estar preparando para 2027 una de las mayores transformaciones estéticas de la historia del iPhone.
Coincidiendo con el vigésimo aniversario del modelo original, la compañía trabajaría en un teléfono con una apariencia mucho más limpia, continua y minimalista, inspirado en la antigua ambición de Jony Ive de crear un dispositivo que pareciera una única pieza de cristal.
Aunque todavía queda bastante tiempo para su posible lanzamiento y buena parte de la información procede de filtraciones, las distintas pistas comienzan a encajar. Una pantalla curvada por los cuatro bordes, Face ID oculto bajo el panel y una trasera nuevamente fabricada en cristal podrían ser los ingredientes elegidos para conseguir un iPhone sin marcos visibles, recortes ni interrupciones aparentes.
El gran objetivo de Apple: un iPhone que parezca una sola pieza de cristal
Durante años, Jony Ive habló de su interés por reducir los productos de Apple a su forma más esencial. En el caso del iPhone, esa idea se resumía en conseguir que el dispositivo pareciera una única lámina de cristal, sin elementos visuales que rompieran la continuidad del diseño.
El iPhone del vigésimo aniversario podría ser el modelo que más se acerque a esa visión. Apple buscaría que la pantalla, los bordes y la parte posterior se perciban como un conjunto continuo, aunque internamente el teléfono siga necesitando una estructura resistente que mantenga unidos todos sus componentes.
No se trataría necesariamente de fabricar el dispositivo entero con cristal, algo poco práctico desde el punto de vista estructural. El objetivo sería más bien crear esa ilusión mediante la combinación de superficies curvas, bordes extremadamente finos y elementos frontales ocultos bajo la pantalla.
¿iPhone 19 Pro, iPhone 20 Pro o una edición especial?
Las primeras informaciones apuntaban a que Apple podría lanzar un modelo conmemorativo independiente, siguiendo una estrategia parecida a la del iPhone X, presentado diez años después del iPhone original. Sin embargo, filtraciones posteriores sugieren que el rediseño podría integrarse directamente en la gama Pro correspondiente a 2027.
El principal interrogante está en el nombre. Siguiendo la numeración habitual, el dispositivo debería llamarse iPhone 19 Pro, pero Apple podría saltarse esa denominación y utilizar iPhone 20 Pro para destacar el vigésimo aniversario, de la misma manera que evitó el nombre iPhone 9 al presentar el iPhone X en 2017.
Por ahora, ninguna de estas posibilidades está confirmada. Apple todavía podría reservar el diseño más avanzado para un modelo concreto, extenderlo a toda la familia Pro o incluso comercializar una edición conmemorativa situada por encima de sus teléfonos habituales.
Una pantalla curvada por los cuatro lados y sin marcos visibles
Uno de los elementos centrales del nuevo diseño sería una pantalla que se prolongaría suavemente hacia los cuatro bordes del dispositivo. La curvatura no tendría por qué ser tan pronunciada como la utilizada durante años por algunos fabricantes Android, sino que estaría pensada para ocultar visualmente los marcos.
Vista de frente, la imagen llegaría prácticamente hasta los extremos del teléfono. El usuario tendría la sensación de estar sujetando una pantalla sin biseles, rodeada únicamente por una superficie continua de cristal, sin una separación evidente entre el frontal y los laterales.
Este planteamiento también podría complicar la fabricación y aumentar la vulnerabilidad frente a golpes. Las pantallas curvas son más difíciles de proteger y reparar, por lo que Apple tendría que reforzar el cristal y diseñar una estructura interna capaz de absorber impactos sin arruinar la estética del conjunto.
Face ID tendría que desaparecer bajo la pantalla
Para conseguir un frontal verdaderamente limpio, Apple necesitaría ocultar todos los componentes que actualmente forman la Dynamic Island. Esto incluye los sensores infrarrojos, el proyector de puntos y el resto del sistema TrueDepth encargado del reconocimiento facial.
Las filtraciones apuntan a que Face ID podría quedar completamente integrado bajo el panel OLED. La pantalla tendría que permitir el paso de la luz infrarroja en una zona concreta sin que el usuario perciba diferencias apreciables en brillo, color o resolución durante el uso cotidiano.
El desafío no es menor, ya que Face ID necesita obtener información precisa incluso con poca iluminación. Apple lleva años investigando esta tecnología, pero previsiblemente no la adoptará hasta que pueda mantener el mismo nivel de seguridad y fiabilidad de los sistemas actuales.
La cámara frontal y el altavoz completarían el efecto
Ocultar Face ID sería solo una parte del trabajo. Aunque los sensores biométricos estuvieran bajo la pantalla, un orificio visible para la cámara frontal seguiría interrumpiendo el frontal y dificultaría conseguir esa apariencia de pieza de cristal sin cortes.
Por ello, Apple también estaría estudiando situar la cámara para selfis bajo el panel. El principal problema de esta tecnología es la pérdida de calidad de imagen causada por las capas de la pantalla, que reducen la cantidad de luz y pueden generar desenfoque, reflejos o colores menos precisos.
También se especula con la posibilidad de ocultar el auricular utilizado durante las llamadas. Apple podría recurrir a un altavoz integrado bajo la pantalla o a un sistema capaz de transmitir el sonido mediante vibraciones del propio panel, eliminando así otra abertura visible en la zona superior.
Liquid Glass podría anticipar el nuevo lenguaje visual
La evolución del hardware podría ir acompañada por una transformación similar en el software. El lenguaje de diseño Liquid Glass introduce transparencias, reflejos, profundidad y elementos visuales que parecen construidos con capas translúcidas.
Esta estética podría actuar como preparación para un iPhone cuyo exterior también gire alrededor del cristal. La interfaz y el dispositivo compartirían un lenguaje común, haciendo que botones, menús y animaciones parezcan integrarse con la superficie física del teléfono.
Apple ya ha utilizado esta estrategia en otras ocasiones. Antes de eliminar el botón de inicio con el iPhone X, iOS fue incorporando progresivamente más gestos y elementos pensados para pantallas grandes. Liquid Glass podría desempeñar ahora una función parecida al preparar la interfaz para un dispositivo sin bordes ni recortes visibles.
El cristal regresaría también a la parte posterior
La última pieza de esta transformación estaría en la parte trasera. Según una filtración atribuida a Fixed Focus Digital, Apple preferiría volver a utilizar un panel posterior de cristal, alejándose del mayor protagonismo que el aluminio habría adquirido en modelos recientes.
El uso de cristal permitiría que el frontal y la trasera compartieran brillo, textura y profundidad visual. Al observar el teléfono desde diferentes ángulos, ambas superficies podrían parecer conectadas mediante unos bordes casi invisibles, reforzando esa sensación de objeto continuo.
Las instalaciones de producción necesarias para fabricar esta pieza ya estarían siendo preparadas, según la filtración. Aun así, conviene tratar esta información con prudencia, dado que Apple suele probar diferentes materiales y prototipos antes de aprobar el diseño definitivo.
Una trasera de cristal implica más riesgo de rotura
El aspecto más discutible de este planteamiento sería la durabilidad. El aluminio puede abollarse o arañarse, pero normalmente soporta mejor las caídas que una gran superficie de cristal, especialmente cuando esta se extiende hacia los bordes del dispositivo.
Un iPhone cubierto de cristal por delante y por detrás podría resultar más frágil y caro de reparar. Apple tendría que recurrir a materiales reforzados, nuevas capas protectoras o una estructura interna capaz de distribuir la energía de los impactos.
La compañía también podría emplear un acabado mate o un tratamiento químico para reducir las huellas y mejorar la resistencia a los arañazos. La calidad de fabricación se situaría, según el rumor, a la altura de la primera generación del iPhone Air, con un énfasis especial en la precisión de las uniones y el grosor reducido.
El módulo de cámaras seguirá siendo el gran obstáculo
Incluso ocultando todos los elementos del frontal, Apple tendrá que resolver un problema evidente: las cámaras traseras necesitan espacio físico. Los sensores grandes, los sistemas de estabilización y los objetivos con diferentes distancias focales hacen difícil construir un teléfono completamente plano.
Una posibilidad sería integrar el módulo dentro de una transición de cristal más suave, evitando la apariencia de una isla de cámaras separada. El relieve probablemente seguirá existiendo, pero podría fusionarse mejor con el resto de la trasera mediante curvas progresivas o una superficie continua.
Apple también podría redistribuir los componentes internos para reducir el grosor del conjunto fotográfico. Sin embargo, eliminar por completo el saliente parece poco probable sin sacrificar la calidad de las cámaras, uno de los apartados más importantes de la gama Pro.
El iPhone X sirve como precedente para este gran cambio
Apple ya aprovechó el décimo aniversario del iPhone para introducir una transformación radical. El iPhone X eliminó el botón de inicio, estrenó Face ID, incorporó una pantalla OLED y estableció el sistema de navegación por gestos que continúa utilizándose actualmente.
El modelo de 2027 podría representar un punto de inflexión similar. En lugar de limitarse a mejorar el procesador o las cámaras, Apple aprovecharía la ocasión para definir la apariencia que podrían adoptar sus teléfonos durante la siguiente década.
El paralelismo también explica por qué la compañía podría optar por el nombre iPhone 20. Más que seguir una numeración estricta, Apple podría utilizar la denominación para comunicar que se trata de un producto especial y diferenciarlo claramente de las generaciones anteriores.
Un diseño espectacular, pero lleno de retos técnicos
La combinación de pantalla curva, sensores ocultos, cámara bajo el panel y doble superficie de cristal resulta atractiva sobre el papel, pero presenta numerosos desafíos. Apple deberá equilibrar estética, resistencia, temperatura, calidad fotográfica y facilidad de reparación.
También tendrá que evitar problemas habituales de las pantallas curvas, como los toques accidentales, los reflejos en los bordes o la deformación del contenido. Conseguir una apariencia futurista no será suficiente si el nuevo diseño perjudica la experiencia de uso.
Por esta razón, es probable que algunas de las tecnologías mencionadas cambien o desaparezcan antes de que comience la producción en masa. Los prototipos internos pueden evolucionar significativamente durante el año previo al lanzamiento.
Todo apunta a 2027, pero todavía queda mucho por confirmar
El vigésimo aniversario del iPhone se celebrará en 2027, por lo que esa sería la fecha lógica para presentar el nuevo diseño. Las informaciones publicadas hasta ahora coinciden en señalar un teléfono predominantemente de cristal, curvado y sin recortes visibles en la pantalla.
Sin embargo, todavía estamos ante un proyecto sujeto a cambios y no ante un producto confirmado por Apple. La compañía podría modificar materiales, retrasar algunas tecnologías o reservar determinadas funciones para generaciones posteriores si la producción no alcanza los estándares necesarios.
Si todos los elementos terminan llegando al modelo comercial, Apple podría presentar el iPhone más llamativo desde el iPhone X. La pregunta será si los usuarios estarán dispuestos a aceptar una mayor fragilidad o un precio más alto a cambio de disfrutar de un teléfono con una apariencia casi completamente ininterrumpida.








