Los Galaxy Z Flip8 y Fold8 esconden un importante cambio en su batería

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Samsung ha estrenado sus nuevos Galaxy Z Flip8, Galaxy Z Fold8 y Galaxy Z Fold8 Ultra con importantes mejoras de diseño, rendimiento y autonomía. Sin embargo, las fichas energéticas europeas han revelado un detalle menos positivo que puede resultar especialmente relevante para quienes planean conservar el teléfono durante muchos años.

Los tres plegables están certificados para soportar un mínimo de 1.200 ciclos completos de carga antes de que la batería baje del 80 % de su capacidad original. La cifra no es desastrosa, pero supone una reducción considerable respecto a los 2.000 ciclos anunciados para los Galaxy Z Flip7 y Galaxy Z Fold7.

El cambio coincide con la adopción de baterías con ánodo de silicio-carbono, una tecnología que permite almacenar más energía sin aumentar tanto el tamaño físico de la batería. Su principal desafío es que el silicio se expande durante las cargas y descargas, lo que puede acelerar el desgaste si no se controla adecuadamente.

Samsung ha ganado capacidad y eficiencia espacial, pero aparentemente ha sacrificado parte de la longevidad certificada. La diferencia será especialmente importante para los usuarios que cargan el móvil a diario y esperan utilizarlo durante cinco, seis o incluso siete años.

 

Los tres Galaxy Z8 están certificados para 1.200 ciclos

Las fichas oficiales de producto de Samsung indican que el Galaxy Z Flip8, el Galaxy Z Fold8 y el Galaxy Z Fold8 Ultra ofrecen una duración mínima de batería de 1.200 ciclos. El dato sigue los criterios introducidos por la nueva etiqueta energética europea para smartphones y tabletas.

Un ciclo no equivale necesariamente a conectar el teléfono una vez al cargador. Se completa cuando el consumo acumulado suma el equivalente al 100 % de la capacidad, aunque la recarga se haya realizado en varias sesiones parciales.

Por ejemplo, utilizar un 50 % de la batería y cargar el teléfono dos veces cuenta aproximadamente como un ciclo completo. La cifra de 1.200 ciclos representa, por tanto, el desgaste energético acumulado y no el número exacto de veces que se enchufa el dispositivo.

Samsung garantiza que, tras alcanzar ese mínimo de ciclos bajo las condiciones de ensayo establecidas, la batería debería conservar al menos un 80 % de su capacidad inicial. No significa que vaya a dejar de funcionar al superar esa cifra, sino que su autonomía habrá disminuido de forma apreciable.

 

La generación anterior alcanzaba los 2.000 ciclos

La comparación con los modelos de 2025 no deja en buen lugar a los nuevos plegables. Tanto el Galaxy Z Flip7 como el Galaxy Z Fold7 figuran en las fichas oficiales con una duración mínima de 2.000 ciclos de batería.

Esto significa que la nueva generación reduce en un 40 % el número de ciclos certificados antes de alcanzar el umbral del 80 %. No se trata de una pequeña variación derivada del margen de las pruebas, sino de una diferencia suficientemente grande como para afectar a la vida útil teórica.

Con una carga completa diaria, 2.000 ciclos equivaldrían aproximadamente a cinco años y medio. Los 1.200 ciclos de los Galaxy Z8 se traducirían en algo más de tres años y tres meses bajo ese mismo patrón de uso.

En la práctica, muchos usuarios no completan un ciclo entero cada día y podrían tardar más tiempo en alcanzar ese nivel de degradación. Aun así, el retroceso frente a la generación anterior resulta evidente sobre el papel.

 

La etiqueta europea permite comparar mejor las baterías

La Unión Europea obliga a mostrar en los smartphones y tabletas una etiqueta con información sobre eficiencia energética, autonomía, resistencia, reparabilidad y duración de la batería. El objetivo es que los consumidores puedan comparar aspectos que hasta hace poco resultaban difíciles de conocer.

La duración en ciclos indica cuántas cargas y descargas completas puede soportar la batería antes de conservar únicamente el 80 % de su capacidad útil. Es una medida más informativa que limitarse a indicar los miliamperios hora.

Dos teléfonos con la misma capacidad inicial pueden envejecer de forma muy distinta dependiendo de la química, la gestión térmica, la velocidad de carga y el software utilizado para proteger la batería.

La etiqueta no predice exactamente lo que ocurrirá con cada unidad, ya que el calor y los hábitos de carga influyen mucho en la degradación. Sin embargo, ofrece una referencia común que permite detectar diferencias importantes entre generaciones y fabricantes.

 

El silicio-carbono permite almacenar más energía

Las nuevas baterías utilizan silicio combinado con carbono en el ánodo, en lugar de depender principalmente del grafito convencional. El silicio puede almacenar una cantidad considerablemente mayor de iones de litio, aumentando la densidad energética.

Gracias a esta propiedad, los fabricantes pueden colocar más capacidad dentro del mismo volumen o reducir el tamaño de la batería manteniendo una autonomía similar. Es una ventaja especialmente valiosa en los plegables, donde cada milímetro cuenta.

Samsung ha utilizado esta tecnología para aumentar la batería del Galaxy Z Fold8 y, sobre todo, la del Galaxy Z Fold8 Ultra. También ha permitido fabricar dispositivos más finos sin renunciar a cifras competitivas de autonomía.

El problema es que el silicio cambia mucho de volumen durante los ciclos de carga. Estas expansiones y contracciones pueden deteriorar la estructura interna y reducir gradualmente la cantidad de energía que la batería es capaz de almacenar.

 

No todas las baterías de silicio-carbono envejecen igual

Hablar de una batería de silicio-carbono no describe una única composición. Los fabricantes pueden utilizar proporciones muy diferentes de silicio, distintos tamaños de partícula y múltiples soluciones para limitar su expansión.

Una batería con una pequeña cantidad de silicio puede comportarse de manera muy parecida a una convencional. Otra con una proporción superior puede ofrecer una densidad energética mucho mayor, pero también plantear más dificultades para conservar la capacidad con el paso del tiempo.

La cifra de 1.200 ciclos no permite conocer exactamente la composición utilizada por Samsung, aunque sí confirma que la durabilidad certificada es inferior a la de sus anteriores plegables.

También es posible que la compañía haya elegido unos criterios de protección más conservadores o una mayor capacidad útil, permitiendo aprovechar una parte más amplia de la batería desde el primer día a cambio de acelerar la llegada al 80 %.

 

El Galaxy Z Fold8 Ultra es el gran beneficiado en capacidad

El Galaxy Z Fold8 Ultra incorpora una batería típica de 5.000 mAh, frente a los 4.400 mAh del Galaxy Z Fold7. El aumento de 600 mAh resulta especialmente llamativo en un teléfono que, además, ha reducido su grosor.

Samsung anuncia hasta 27 horas de reproducción de vídeo para este modelo. La mayor capacidad ayuda a compensar el consumo de su gran pantalla plegable, su procesador de alto rendimiento y su sistema de cámaras.

Cuando la batería llegue al 80 % de salud, su capacidad efectiva será equivalente aproximadamente a 4.000 mAh. Seguirá siendo utilizable, pero ofrecerá una autonomía sensiblemente menor que cuando era nueva.

La ventaja inicial de disponer de 5.000 mAh hace que el desgaste resulte menos problemático que en un dispositivo con una batería más pequeña. Incluso degradado, conservará una capacidad similar a la de algunos plegables de generaciones anteriores.

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El Galaxy Z Fold8 sube hasta los 4.800 mAh

El Galaxy Z Fold8 estándar cuenta con una batería típica de 4.800 mAh. Es una mejora clara frente a los 4.400 mAh que Samsung mantuvo durante varias generaciones de sus plegables de tipo libro.

La compañía anuncia hasta 26 horas de reproducción de vídeo, una cifra que dependerá del brillo, la cobertura, las aplicaciones abiertas y de cuál de las dos pantallas se utilice con mayor frecuencia.

Al alcanzar el 80 % de salud, esos 4.800 mAh equivaldrían aproximadamente a 3.840 mAh. La reducción sería perceptible, especialmente para quienes utilicen intensamente la pantalla interior.

Aun así, la mayor capacidad inicial puede hacer que el teléfono siga ofreciendo una autonomía aceptable después de varios años. El problema no es tanto que vaya a quedar inutilizable, sino que llegará antes a ese nivel de degradación certificado que el Fold7.

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El Galaxy Z Flip8 mantiene los mismos 4.300 mAh

El caso más difícil de justificar es el del Galaxy Z Flip8. Su batería mantiene los 4.300 mAh del Galaxy Z Flip7, por lo que no existe un aumento de capacidad que compense la reducción de 2.000 a 1.200 ciclos.

Samsung ha conseguido reducir el grosor y el peso del dispositivo, y la batería de silicio-carbono probablemente ha contribuido a ese diseño. Sin embargo, la autonomía inicial no mejora en términos de capacidad nominal.

Cuando la batería se encuentre al 80 %, el teléfono dispondrá del equivalente aproximado a 3.440 mAh. En un móvil plegable compacto, esa pérdida puede notarse bastante más que en el Fold8 Ultra.

El Flip7 también terminará llegando al mismo nivel de 3.440 mAh efectivos, pero su certificación indica que tardaría 2.000 ciclos en hacerlo. Sobre el papel, ofrece una resistencia al desgaste significativamente superior.

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La reducción puede notarse después de unos tres años

Un usuario que complete aproximadamente un ciclo diario podría alcanzar los 1.200 ciclos en algo más de tres años. Esto no implica que la batería se deteriore de golpe al llegar a esa fecha, ya que la pérdida es gradual.

Es probable que el usuario perciba pequeños cambios mucho antes, como la necesidad de cargar el teléfono al final de la tarde o una caída más rápida del porcentaje durante tareas exigentes.

El umbral del 80 % se utiliza porque suele marcar el punto en el que la pérdida de autonomía empieza a resultar claramente molesta. El dispositivo continuará funcionando, pero la experiencia será distinta a la del primer año.

Quienes utilicen medio ciclo al día podrían tardar más de seis años en llegar a la cifra certificada. Por eso, la importancia real dependerá mucho de la intensidad de uso y de la frecuencia con la que se cargue el teléfono.

 

La garantía de 1.200 ciclos no es una fecha de caducidad

La cifra publicada por Samsung debe entenderse como un mínimo de resistencia bajo una metodología de ensayo determinada. Algunas unidades podrían conservar más del 80 % después de 1.200 ciclos, mientras que otras podrían acercarse más al límite.

Las condiciones reales no son idénticas a las de un laboratorio. La temperatura ambiente, la carga rápida, los juegos, la navegación GPS y la cobertura deficiente pueden aumentar el estrés térmico de la batería.

Una batería puede superar ampliamente la cifra certificada y seguir siendo funcional. Llegar al 80 % no significa que haya que reemplazarla inmediatamente ni que el teléfono deje de encenderse.

La degradación se convierte en un problema cuando la autonomía ya no cubre las necesidades del usuario, el dispositivo se apaga inesperadamente o la batería muestra signos físicos de deterioro, como una posible hinchazón.

 

Los hábitos de carga pueden prolongar la vida útil

Mantener el teléfono durante largos periodos al 100 % y exponerlo a temperaturas elevadas acelera el envejecimiento químico. Por eso, las funciones que limitan la carga máxima pueden ser útiles para quienes prioricen la longevidad.

Samsung incluye opciones de protección de batería que adaptan o limitan la carga. Utilizar un límite cercano al 80 % puede reducir el estrés cuando no se necesita toda la autonomía disponible.

También conviene evitar cargar el móvil bajo una almohada, dentro de un coche recalentado o mientras ejecuta tareas que generan mucho calor. La temperatura suele ser más perjudicial que el uso ocasional de un cargador potente.

Las recargas parciales no dañan la batería por sí mismas. De hecho, mantenerla habitualmente en una franja intermedia puede resultar más favorable que agotarla al 0 % y cargarla siempre hasta el 100 %.

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La carga rápida no es el único factor de degradación

El Galaxy Z Fold8 y el Fold8 Ultra admiten una potencia de carga de hasta 45 W, mientras que el Galaxy Z Flip8 llega hasta 25 W. Estas cifras son moderadas frente a las velocidades ofrecidas por algunos fabricantes chinos.

La carga rápida genera más calor durante determinadas fases, pero los sistemas modernos reducen la potencia cuando la temperatura aumenta o la batería se acerca al máximo. La gestión térmica es tan importante como la potencia anunciada.

Cargar a menor velocidad puede ayudar cuando el tiempo no importa, especialmente durante la noche. Sin embargo, utilizar ocasionalmente la carga rápida no debería causar por sí solo una degradación extrema.

El envejecimiento depende de una combinación de factores: temperatura, voltaje máximo, profundidad de descarga, número de ciclos, composición química y tiempo transcurrido desde la fabricación.

 

Los Galaxy S26 también están limitados a 1.200 ciclos

La reducción no afecta únicamente a los plegables con batería de silicio-carbono. Las fichas oficiales del Galaxy S26 también indican una duración mínima de 1.200 ciclos antes de alcanzar el 80 %.

Este dato complica la explicación basada exclusivamente en la nueva química. El Galaxy S26 utiliza una batería convencional y, aun así, presenta la misma certificación que los plegables Z8.

Los Galaxy S25 estaban asociados a cifras superiores en esta métrica, por lo que Samsung parece haber cambiado algún elemento de diseño, validación o gestión de batería en varias familias de productos.

La compañía no ha explicado públicamente por qué ha reducido la resistencia certificada. Podría deberse a cambios en las celdas, a una mayor capacidad aprovechable o a criterios distintos en las pruebas internas.

 

Los iPhone y Pixel suelen declarar unos 1.000 ciclos

Aunque los Galaxy Z8 empeoran frente a sus predecesores, la cifra de 1.200 ciclos sigue siendo competitiva frente a muchos teléfonos rivales. Modelos recientes de Apple y Google suelen situarse alrededor de los 1.000 ciclos para conservar el 80 %.

Esto no convierte automáticamente a Samsung en la opción más duradera. Las metodologías, las capacidades iniciales y las condiciones de ensayo pueden variar entre fabricantes.

Los 1.200 ciclos colocan a los nuevos plegables por encima de algunos competidores, pero muy por debajo del excelente dato de 2.000 ciclos de los Z7.

La decepción nace precisamente de esa comparación interna. Samsung ya había demostrado que podía ofrecer una longevidad certificada mucho mayor y ahora ha retrocedido en una generación más cara y avanzada.

 

Una batería más grande puede compensar parte del desgaste

Aumentar la capacidad inicial es una forma sencilla de reducir el impacto práctico de la degradación. Un teléfono con 5.000 mAh al 80 % conserva la misma energía que otro con 4.000 mAh cuando está nuevo.

Esta estrategia beneficia especialmente al Galaxy Z Fold8 Ultra. Incluso después de perder un 20 %, su capacidad efectiva rondaría los 4.000 mAh, una cifra todavía razonable para un plegable.

El Galaxy Z Fold8 también parte con un margen superior al de su predecesor, por lo que puede mantener una autonomía similar durante una parte importante de su vida útil.

El Galaxy Z Flip8 no disfruta de esa compensación porque conserva los 4.300 mAh del Flip7. Su principal ventaja está en el diseño más fino, no en disponer de una reserva energética mayor.

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La autonomía diaria no depende solo de los miliamperios hora

La capacidad de la batería es importante, pero no permite predecir por sí sola cuánto durará el teléfono. El procesador, las pantallas, el módem y las optimizaciones del sistema influyen enormemente en el consumo.

Un móvil con menos miliamperios hora puede superar a otro con una batería mayor si su hardware es más eficiente. Samsung anuncia hasta 31 horas de vídeo para el Flip8, 26 horas para el Fold8 y 27 horas para el Fold8 Ultra.

Estas pruebas se realizan en condiciones controladas y no representan necesariamente un día de uso real. La cámara, los juegos, la cobertura 5G y el brillo elevado pueden reducir la autonomía de forma importante.

También es posible que futuras actualizaciones mejoren o empeoren el consumo. La duración diaria debe evaluarse mediante pruebas independientes y no únicamente a partir de las especificaciones oficiales.

 

La sustitución de batería será importante a largo plazo

Samsung promete varios años de actualizaciones para sus nuevos plegables, por lo que resulta razonable esperar que muchos usuarios quieran conservarlos más allá de los 1.200 ciclos.

En ese escenario, sustituir la batería puede devolver buena parte de la autonomía original. El problema es que los plegables son dispositivos complejos y su reparación puede resultar más delicada que la de un móvil convencional.

La normativa europea pretende facilitar la disponibilidad de piezas y ofrecer información sobre reparabilidad. Aun así, el coste final dependerá del servicio técnico, del modelo y del estado general del dispositivo.

Una batería reemplazable de forma profesional puede prolongar varios años la vida útil del teléfono. La decisión tendrá sentido si la pantalla plegable, la bisagra y el resto de los componentes continúan en buen estado.

 

El dato puede influir en el valor de segunda mano

La salud de la batería se ha convertido en un factor importante al comprar un smartphone usado. Un dispositivo que ha completado muchos ciclos puede ofrecer una autonomía mucho menor que otra unidad idéntica con menos uso.

Los compradores de un Galaxy Z8 de segunda mano podrían prestar más atención al historial de carga al saber que la certificación se limita a 1.200 ciclos. La diferencia frente a los 2.000 ciclos del Z7 puede afectar a la percepción de durabilidad.

Samsung podría mejorar la transparencia mostrando de forma sencilla el número aproximado de ciclos y el porcentaje de salud de la batería dentro de los ajustes.

Esta información permitiría valorar mejor el estado del dispositivo y detectar cuándo una sustitución de batería resulta aconsejable, algo que Apple ya ha ido incorporando en algunos de sus productos.

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Samsung gana densidad energética, pero pierde longevidad certificada

La adopción del silicio-carbono aporta ventajas reales. Los Galaxy Z Fold8 y Z Fold8 Ultra consiguen baterías mayores dentro de cuerpos más finos, resolviendo una de las principales limitaciones históricas de los plegables.

Sin embargo, la reducción hasta 1.200 ciclos demuestra que no todos los avances llegan sin compromisos. Más capacidad en menos espacio puede implicar un envejecimiento más rápido de la celda.

El equilibrio es especialmente favorable en el Fold8 Ultra, donde el salto a 5.000 mAh ofrece una mejora tangible. En el Flip8, mantener la misma capacidad hace que el retroceso en ciclos sea más difícil de aceptar.

Samsung podría mitigar el problema mediante una buena gestión térmica, límites de carga inteligentes y un servicio de sustitución de batería asequible. Sin esas medidas, la ventaja del diseño puede convertirse en una desventaja a largo plazo.

 

No todos los usuarios deberían preocuparse por igual

Quienes cambian de móvil cada dos o tres años probablemente no notarán una diferencia decisiva. Es posible que vendan o sustituyan el dispositivo antes de que la batería se acerque a los 1.200 ciclos completos.

El dato resulta mucho más relevante para quienes conservan sus teléfonos durante cinco años o más. También afecta especialmente a usuarios intensivos que consumen más de un ciclo completo al día.

Un profesional que utilice continuamente la pantalla, el GPS, la cámara y la conexión móvil puede acumular ciclos con rapidez. En cambio, alguien que termine el día con la mitad de la batería tardará mucho más en alcanzar el límite.

Por tanto, los 1.200 ciclos no deberían ser el único criterio de compra, pero sí forman parte de la decisión junto al precio, la reparabilidad, la autonomía inicial y los años de soporte.

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Sobre el Autor
Luis A.
Luis es el creador y editor jefe de Teknófilo. Se aficionó a la tecnología con un Commodore 64 e hizo sus pinitos programando gracias a los míticos libros de 🛒 'BASIC para niños' con 11 años. Con el paso de los años, la afición a los ordenadores se ha extendido a cualquier cacharrito que tenga una pantalla y CPU.
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