El peligro oculto en algunas apps de Samsung Smart TV: compartían tu conexión

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Una aplicación aparentemente inofensiva puede esconder bastante más de lo que muestra en pantalla. Una investigación de la firma noruega de ciberseguridad Mnemonic ha descubierto que varias aplicaciones disponibles para televisores Samsung incorporaban componentes capaces de compartir la conexión a Internet del usuario con terceros.

Entre las aplicaciones analizadas había propuestas muy sencillas, como juegos y servicios construidos con apenas unas líneas de código. Uno de los casos más llamativos fue un juego inspirado en Pac-Man que había aparecido destacado por Samsung dentro de la sección «Editor’s Choice» de su tienda para Smart TV.

El problema no consiste necesariamente en que estas aplicaciones roben contraseñas o accedan directamente a los archivos personales del televisor. El riesgo está en que pueden convertir la conexión doméstica en la salida de una red de proxies residenciales, permitiendo que el tráfico de otras personas aparezca en Internet como si procediera del hogar del propietario del televisor.

Samsung ha reaccionado anunciando nuevas restricciones para impedir el registro de aplicaciones que incluyan esta funcionalidad. La compañía también asegura que está trabajando para identificar y retirar de su tienda todas las aplicaciones que incorporen este tipo de componentes.

 

Una aplicación puede convertir el televisor en un proxy residencial

Las redes de proxies residenciales funcionan utilizando conexiones reales de viviendas y oficinas como puntos intermedios. En lugar de acceder directamente a una página web, el cliente de la red envía su tráfico a través de otro dispositivo conectado a Internet, de forma que la dirección IP visible pertenece a un usuario corriente.

En el caso investigado, una aplicación instalada en el televisor podía actuar como un denominado «nodo de salida». Esto significa que las peticiones de un tercero terminaban saliendo a Internet a través de la conexión del propietario del Smart TV, aunque este no estuviera utilizando activamente el servicio relacionado con esas peticiones.

El componente podía seguir ejecutándose en segundo plano después de cerrar la aplicación, dependiendo de su implementación y de los permisos concedidos. De esta manera, un juego que se abre durante unos minutos puede dejar funcionando un servicio que utiliza la conexión de red durante mucho más tiempo.

Esta clase de actividad no implica necesariamente que un desconocido pueda ver los dispositivos de la vivienda o navegar por los archivos del televisor. Sin embargo, sí puede consumir ancho de banda, asociar tráfico ajeno a la dirección IP del usuario y provocar que determinados servicios interpreten que ciertas acciones se han realizado desde su conexión.

Las redes residenciales de proxy no son ilegales por definición. Se utilizan, por ejemplo, para comprobar cómo se muestra una página web en diferentes regiones, verificar anuncios, comparar precios, superar bloqueos geográficos o recopilar información pública distribuida por múltiples sitios.

El problema aparece cuando el propietario de la conexión no comprende claramente qué está autorizando o cuando el acceso al dispositivo puede activarse mediante cambios realizados desde un servidor remoto. También existe el riesgo de que la infraestructura sea utilizada por clientes con intenciones menos legítimas.

Los ciberdelincuentes valoran especialmente estas redes porque el tráfico parece proceder de una conexión doméstica normal. Para una empresa que intenta detectar un ataque, una petición originada desde la vivienda de un usuario puede resultar menos sospechosa que otra procedente de un centro de datos conocido.

Además, el contenido que atraviesa estos sistemas suele estar cifrado. Esto dificulta que el propietario del televisor, su proveedor de Internet o una herramienta de seguridad convencional puedan determinar con facilidad qué está haciendo realmente el cliente que utiliza el proxy.

 

El fallo de supervisión que permitió publicar estas aplicaciones

La investigación señala una debilidad importante en la forma de revisar algunas aplicaciones para televisores. Muchas de ellas son simples contenedores web cuyo código local se limita a abrir contenido almacenado en un servidor externo, en lugar de incluir todas sus funciones dentro del paquete enviado a la tienda.

Esto permite crear una aplicación con muy pocas líneas de código. Durante el proceso de aprobación, el fabricante puede analizar ese pequeño paquete, pero buena parte de la experiencia y del comportamiento real se descarga posteriormente desde Internet.

Por tanto, lo que se revisa antes de publicar una aplicación no siempre coincide con lo que termina ejecutándose en el televisor. El desarrollador puede cambiar el contenido alojado en su servidor sin necesidad de modificar el paquete que Samsung examinó inicialmente.

La documentación para desarrolladores de Samsung reconoce los riesgos asociados a este modelo. Las aplicaciones alojadas íntegramente en la nube están restringidas por motivos de seguridad y solo se aceptan en determinados casos, mientras que la carga de scripts externos requiere autorización.

Aun así, Mnemonic asegura haber encontrado múltiples aplicaciones básicas que recurrían a contenido remoto. Algunos de sus desarrolladores afirmaban haber conseguido instalaciones en cientos de millones de televisores, aunque estas cifras proceden de los propios responsables de las aplicaciones y no han sido verificadas de manera independiente.

El volumen potencial resulta preocupante porque un cambio aparentemente pequeño en un servidor podría alterar el comportamiento de todos los televisores que cargan contenido desde él. No sería necesario publicar una actualización convencional en la tienda si el código relevante se descarga cada vez que se abre la aplicación.

El investigador Harrison Sand obtuvo acceso avanzado al sistema de un televisor Samsung para observar las conexiones que entraban y salían del dispositivo. Este análisis permitió detectar componentes que no resultaban evidentes al examinar únicamente la parte visible de las aplicaciones.

La investigación no demuestra que todos los televisores con estas aplicaciones estuvieran participando activamente en una red maliciosa. Sí pone de manifiesto, no obstante, que el diseño de estas aplicaciones puede crear una puerta difícil de vigilar y con capacidad para modificar su comportamiento a distancia.

 

Un juego de Pac-Man incluía tecnología de Bright Data

Uno de los ejemplos analizados fue un sencillo juego de Pac-Man que Samsung había promocionado en la sección de recomendaciones editoriales de su tienda. La aplicación contenía tecnología de Bright Data, una compañía israelí que comercializa acceso a redes de proxies residenciales.

Bright Data ofrece a sus clientes la posibilidad de dirigir solicitudes a través de conexiones situadas en numerosos países. También comercializa conjuntos de datos recopilados de páginas públicas, una actividad que requiere realizar grandes cantidades de peticiones y sortear las limitaciones que algunos sitios imponen a la extracción automatizada.

Según el análisis, el componente de proxy se cargaba al abrir el juego, pero el televisor no se convertía automáticamente en un nodo de salida. Para activar la funcionalidad era necesario que el usuario aceptara una pantalla de consentimiento.

Una vez aceptadas las condiciones, el código podía seguir ejecutándose en segundo plano hasta que la aplicación fuera eliminada. El detalle es relevante porque muchos usuarios podrían interpretar esa autorización como parte de las condiciones normales de un juego, sin comprender que están cediendo el uso de su conexión.

El consentimiento reduce la posibilidad de que todos los televisores afectados estuvieran participando sin autorización. Sin embargo, la investigación advierte de que el código descargado desde un servidor externo podría cambiar y modificar la forma en que se activa el servicio.

En el escenario más grave, una alteración remota podría incorporar automáticamente numerosos dispositivos a una red de proxies o a una infraestructura similar a una botnet. La investigación plantea esta posibilidad como un riesgo técnico, no como una prueba de que Samsung haya sufrido una botnet masiva.

Durante sus pruebas, Sand observó indicios de que parte del tráfico estaba relacionado con la recopilación a gran escala de perfiles públicos de LinkedIn y con la obtención de datos destinados al entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial.

El investigador solo pudo analizar una pequeña muestra del tráfico global de la plataforma. Por ello, no es posible extrapolar sus observaciones a todas las peticiones procesadas por Bright Data ni concluir que la totalidad de su red se utilizara para esas actividades.

 

Por qué estos proxies son atractivos para empresas y ciberdelincuentes

Las plataformas de inteligencia artificial necesitan recopilar enormes cantidades de información pública para entrenar y actualizar sus modelos. Al distribuir las solicitudes entre muchas conexiones residenciales, pueden evitar que una única dirección IP realice un volumen anormalmente elevado de accesos.

Las empresas de comercio electrónico, publicidad y análisis de mercado también recurren a estas herramientas. Una red residencial permite comprobar precios regionales, resultados de búsqueda, campañas publicitarias o contenidos que cambian según el país desde el que se conecta el visitante.

Estos usos pueden ser legítimos, siempre que exista transparencia y que los propietarios de los dispositivos sepan qué recursos están compartiendo. El conflicto surge cuando la participación se oculta detrás de una aplicación que parece no tener ninguna relación con un servicio de proxy.

Un juego de televisión, un marco digital o una aplicación móvil gratuita pueden resultar atractivos para estas compañías porque permanecen conectados durante largos periodos. Al sumar miles o millones de dispositivos, la empresa obtiene una infraestructura distribuida sin desplegar sus propios servidores en cada región.

La misma capacidad también puede aprovecharse para cometer abusos. Un atacante podría utilizar una IP residencial para probar credenciales robadas, realizar fraude publicitario, crear cuentas falsas, extraer bases de datos o dificultar la atribución de un ataque informático.

Para el servicio atacado, las peticiones parecerían proceder de hogares reales y geográficamente dispersos. Bloquearlas es complicado porque una respuesta demasiado agresiva podría impedir el acceso a usuarios legítimos que comparten proveedor o rango de direcciones.

El propietario de la conexión también puede sufrir consecuencias indirectas. Su dirección IP podría terminar temporalmente bloqueada, aparecer en sistemas antifraude o activar comprobaciones adicionales al acceder a determinadas plataformas.

Esto no significa que el usuario vaya a ser responsabilizado automáticamente por las acciones de un tercero. No obstante, tener tráfico desconocido circulando a través de la red doméstica supone un riesgo innecesario, especialmente cuando el servicio permanece activo sin que exista una indicación clara en pantalla.

 

Samsung prohíbe los proxies residenciales en sus Smart TV

Tras recibir preguntas sobre la investigación, Samsung confirmó que había restringido el registro de nuevas aplicaciones que incorporasen funciones de proxy. La compañía también anunció políticas específicas para prohibir los SDK destinados a crear redes residenciales.

Esta prohibición ya aparece reflejada en la documentación oficial de Samsung para desarrolladores. Las normas de registro indican expresamente que no está permitida la funcionalidad de proxy residencial y mencionan el SDK de Bright Data como ejemplo.

Samsung asegura que está revisando las aplicaciones disponibles para detectar y eliminar aquellas que contengan estos componentes. La compañía no ha detallado cuántas aplicaciones podrían verse afectadas, cuántos televisores las tienen instaladas ni cuánto tardará en completar el proceso.

La decisión llega después de que LG adoptara una medida similar. Una investigación anterior apuntaba a que aproximadamente el 42 % de las aplicaciones examinadas en su tienda podían incorporar dispositivos a redes de proxy, lo que llevó al fabricante a anunciar una prohibición de esta tecnología.

La reacción de ambos fabricantes muestra que el problema no se limita a una aplicación o a una marca concreta. Los televisores modernos se han convertido en plataformas informáticas con tiendas, publicidad, cuentas, servicios remotos y aplicaciones de terceros.

En la práctica, un Smart TV puede permanecer conectado a Internet durante años y recibir cambios de software que el usuario apenas percibe. Esta larga vida útil hace especialmente importante controlar qué aplicaciones se instalan y qué funciones mantienen activas en segundo plano.

También evidencia que una aplicación destacada en la tienda del fabricante no debería considerarse automáticamente libre de riesgos. La selección editorial puede valorar su funcionamiento o popularidad sin detectar necesariamente todos los componentes descargados desde servidores externos.

 

Qué pueden hacer los propietarios de un televisor Samsung

Por el momento, Samsung no ha publicado una lista completa de todas las aplicaciones afectadas. Por ese motivo, no basta con buscar únicamente el juego de Pac-Man mencionado en la investigación, ya que podría haber otros servicios con componentes similares.

La medida más prudente consiste en revisar las aplicaciones instaladas y eliminar aquellas que no se utilizan, que proceden de desarrolladores poco conocidos o que ofrecen una función demasiado simple para justificar permisos, condiciones o pantallas de consentimiento inusuales.

También conviene desconfiar de cualquier aplicación que ofrezca recompensas, contenido gratuito o ventajas a cambio de «compartir recursos». Expresiones como ancho de banda, tráfico en segundo plano, red distribuida, proxy o monetización de la conexión deberían hacer saltar las alarmas.

Si una aplicación solicita permiso para utilizar la conexión cuando no está abierta, lo recomendable es rechazarlo, salvo que el usuario comprenda perfectamente el servicio y acepte de forma consciente sus implicaciones.

Mantener actualizado el software del televisor es igualmente importante. Samsung puede utilizar las actualizaciones del sistema y de su tienda para bloquear aplicaciones, cambiar políticas o impedir la ejecución de componentes que hayan sido identificados como problemáticos.

Reiniciar el router puede cambiar la dirección IP pública en algunas conexiones, pero no elimina la aplicación ni desactiva necesariamente el software de proxy. La solución real pasa por desinstalar el servicio afectado, revocar sus permisos cuando sea posible y comprobar que no vuelve a aparecer.

Los usuarios más preocupados pueden colocar el televisor en una red separada para dispositivos inteligentes. Muchos routers permiten crear una red de invitados o una red específica para equipos del hogar conectado, reduciendo su capacidad para comunicarse con ordenadores, móviles y sistemas de almacenamiento locales.

Esta separación no impide que una aplicación use Internet como proxy, pero sí limita otros posibles movimientos dentro de la vivienda. El objetivo es evitar que un dispositivo pensado para reproducir contenidos tenga acceso innecesario al resto de la red doméstica.

 

Un aviso sobre la seguridad de las tiendas para televisores

Durante años, muchos usuarios han tratado las aplicaciones del televisor como si fueran canales adicionales. Se instalan, se abren con el mando y rara vez se revisan de nuevo, una dinámica muy diferente a la de los móviles, donde existe mayor conciencia sobre permisos, actualizaciones y consumo de datos.

Sin embargo, un Smart TV moderno es un ordenador conectado permanentemente a Internet. Ejecuta código, descarga contenido remoto, almacena identificadores y puede mantener procesos activos aunque el usuario haya regresado a la televisión convencional o a una entrada HDMI.

La investigación de Mnemonic resulta especialmente relevante porque muestra una diferencia entre la aplicación presentada para su aprobación y el contenido que finalmente se ejecuta. Revisar un pequeño contenedor no sirve de mucho si su comportamiento depende de código alojado en un servidor que puede cambiar después.

Samsung parece haber entendido esa debilidad y ha endurecido sus normas, pero todavía quedan preguntas sobre las aplicaciones ya instaladas. También será necesario comprobar si la compañía puede detectar cambios posteriores en el código remoto y si informará directamente a los propietarios afectados.

El caso también plantea un debate sobre el consentimiento. Mostrar una pantalla con términos legales no garantiza que el usuario entienda que su conexión se pondrá a disposición de clientes externos, especialmente cuando la solicitud aparece dentro de un juego sencillo.

Una autorización realmente informada debería explicar quién utilizará la conexión, durante cuánto tiempo funcionará el servicio, qué cantidad de datos puede consumir y cómo se puede desactivar. Ocultar esta información en textos extensos o ambiguos no proporciona la transparencia que merece el usuario.

La decisión de Samsung de retirar estas aplicaciones es positiva, pero llega después de que varias de ellas hayan podido acumular una distribución considerable. La seguridad de una tienda no puede depender únicamente de reaccionar cuando un investigador externo descubre el problema.

En definitiva, este caso recuerda que también debemos cuidar lo que instalamos en el televisor. Un juego gratuito puede parecer irrelevante, pero su posición privilegiada dentro del hogar, siempre conectado y rara vez supervisado, lo convierte en un objetivo muy atractivo para cualquier red distribuida.

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Sobre el Autor
Luis A.
Luis es el creador y editor jefe de Teknófilo. Se aficionó a la tecnología con un Commodore 64 e hizo sus pinitos programando gracias a los míticos libros de 🛒 'BASIC para niños' con 11 años. Con el paso de los años, la afición a los ordenadores se ha extendido a cualquier cacharrito que tenga una pantalla y CPU.
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