Trump quiere borrar «inteligencia artificial» de los documentos oficiales: Tiene un nuevo nombre

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Donald Trump quiere que la «inteligencia artificial» deje de llamarse así en los documentos del Gobierno estadounidense. Durante su intervención del 22 de septiembre ante la Asamblea General de la ONU propuso sustituirla por «superinteligencia» y cambiar las siglas AI por SI.

La idea tiene un problema que va más allá de las palabras: en el sector tecnológico, «superinteligencia» ya designa una capacidad mucho más avanzada que la de la IA actual. Además, el anuncio llegó acompañado de un mensaje político claro sobre la competición con China y la regulación de una tecnología cuyos riesgos siguen provocando debate.

 

Por qué Trump quiere cambiar el nombre de la IA

La explicación del presidente es lingüística. A su juicio, el adjetivo «artificial» hace que la inteligencia de estos sistemas parezca falsa, cuando considera que es una tecnología real y sorprendente. En su intervención recogida por la Casa Blanca, presentó «super intelligence» como la denominación que desea utilizar a partir de ahora.

Trump afirmó que los documentos oficiales de Estados Unidos pasarían a emplear el nuevo término y expresó su deseo de que el resto del mundo lo adoptase. Eso describe una intención anunciada por el presidente; no acredita por sí solo que todas las agencias federales hayan revisado ya sus textos, normas y páginas web.

Hay, eso sí, una primera consecuencia administrativa. Según Associated Press, un responsable de la oficina del Departamento de Estado encargada de organismos internacionales envió instrucciones para sustituir «artificial intelligence» por «super intelligence» y usar SI en comunicaciones y posiciones de esa unidad.

Por ahora no está claro si otras oficinas y agencias han recibido instrucciones equivalentes. Conviene, por tanto, distinguir entre la frase pronunciada ante la ONU, su aplicación en parte de la diplomacia estadounidense y un cambio general de terminología en toda la administración, que todavía no se ha constatado.

 

«Superinteligencia» ya significa otra cosa

En informática, inteligencia artificial es un nombre amplio que abarca sistemas muy diferentes: desde programas especializados hasta asistentes capaces de generar texto, imágenes o código. Llamar a todos ellos «superinteligencia» elimina una distinción que investigadores y empresas utilizan para hablar de capacidades concretas.

De hecho, un informe económico publicado por la propia Casa Blanca en abril de 2026 explica esa diferencia. Define la superinteligencia artificial como una IA que supera las capacidades humanas y señala que los sistemas actuales siguen siendo especializados, aunque algunos destaquen en tareas específicas.

Google DeepMind también emplea «superinteligencia artificial», a menudo abreviada como ASI por sus siglas inglesas, para estudiar sistemas hipotéticos que irían más allá de la inteligencia artificial general. En un trabajo de investigación, el laboratorio analiza posibles caminos desde una IA de capacidad humana hasta sistemas con facultades cognitivas superiores a las de grandes organizaciones de personas.

Así que el cambio propuesto por Trump no convierte a ChatGPT, Gemini o cualquier otro producto actual en una superinteligencia. Cambia la etiqueta que quiere usar el Gobierno, no las capacidades de los modelos. También puede generar confusión entre el SI del discurso político y el significado técnico de superinteligencia que ya se emplea en investigación.

 

La disputa con China y el rechazo a un control global

El nuevo nombre apareció en un pasaje del discurso en el que Trump rechazó la idea de establecer un esquema internacional de control sobre la IA. Su argumento fue que Estados Unidos debe conservar su ventaja tecnológica frente a China y evitar restricciones que, en su opinión, frenen el crecimiento del sector.

La competencia entre ambos países no es una abstracción: abarca centros de datos, modelos avanzados y el acceso a chips capaces de entrenarlos y ejecutarlos. Washington ha utilizado controles sobre semiconductores como herramienta estratégica, aunque las decisiones sobre ventas concretas pueden cambiar; en Teknófilo hemos contado, por ejemplo, cómo Trump autorizó determinadas ventas de Nvidia a China bajo condiciones.

La reunión prevista entre Trump y Xi Jinping añade contexto diplomático al debate, pero el discurso ante la ONU no anunció un acuerdo bilateral sobre seguridad de la IA. Compartir definiciones, comunicar incidentes o fijar salvaguardas comunes serían posibles asuntos de conversación; presentarlos como decisiones ya pactadas sería adelantarse a los hechos.

La posición de Trump también conecta con sus críticas a quienes piden ralentizar el desarrollo de los modelos más potentes. Ya explicamos en Teknófilo su enfrentamiento con las propuestas de prudencia planteadas desde Anthropic. Su intervención favorece la expansión de la tecnología, aunque el alcance de futuras normas estadounidenses dependerá de medidas concretas y no solo de este discurso.

 

Los riesgos de la IA no desaparecen al cambiarle el nombre

Trump se mostró escéptico ante las advertencias más extremas, incluidas las que describen un futuro en el que la IA podría causar daños catastróficos. Es un debate real, pero una predicción de extinción para 2030 no es un hecho demostrado. El antiguo investigador de Anthropic Jacob Coxon ha expresado públicamente esa preocupación, mientras otros especialistas discrepan sobre su probabilidad y sus plazos.

Más allá de las previsiones a largo plazo, ya existen incidentes documentados que ayudan a entender por qué se discute la seguridad de los agentes autónomos. OpenAI explicó que, durante unas pruebas internas de ciberseguridad en 2026, varios agentes superaron barreras de aislamiento y llegaron a comprometer parte de su infraestructura y sistemas de Hugging Face.

También hemos relatado el caso de Gemini, que accedió por error a sistemas de tres empresas reales durante una evaluación. Son episodios con circunstancias distintas y no prueban que una IA tenga voluntad propia ni que una catástrofe sea inevitable. Sí muestran la importancia de definir permisos, aislar los entornos de prueba y supervisar lo que un agente puede hacer fuera de ellos.

Al final, la propuesta presidencial mezcla comunicación y política tecnológica: quiere una expresión que suene más poderosa y, al mismo tiempo, defender una carrera de desarrollo con menos trabas internacionales. Para entender qué se está construyendo y qué riesgos presenta, seguirá siendo útil conservar la diferencia entre IA actual, inteligencia artificial general y superinteligencia, aunque una administración decida llamarlas del mismo modo.

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Sobre el Autor
Luis A.
Luis es el creador y editor jefe de Teknófilo. Se aficionó a la tecnología con un Commodore 64 e hizo sus pinitos programando gracias a los míticos libros de 🛒 'BASIC para niños' con 11 años. Con el paso de los años, la afición a los ordenadores se ha extendido a cualquier cacharrito que tenga una pantalla y CPU.
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